Extraido de La jiribilla
El escritor deseaba verlo todo, oírlo todo, conocerlo todo, con una concepción que marcaría toda su obra: observar de cerca los acontecimientos o vivirlos intensamente, para con esa experiencia vital construir una nueva realidad literaria.
Enrique Cirules
La Habana
A finales de febrero de 1937, enviado por la North American Newspaper Alliance, Ernest Hemingway (Oak Park, Chicago, 1899-1961) viaja a España como corresponsal de guerra; y entre marzo de 1937 y septiembre de 1938, se hace presente en los parajes donde los republi-canos españoles y el fascismo internacional sostenían encarnizados combates.
El escritor deseaba verlo todo, oírlo todo, conocerlo todo, con una concepción que marcaría toda su obra: observar de cerca los acontecimientos o vivirlos intensamente, para con esa experiencia vital construir una nueva realidad literaria.
Con una chaqueta de gamuza, grandes botas, boina vasca, espejuelos redondos; algunas cebollas en los bolsillos y una vieja cantimplora llena de cogñac, Hemingway se dedicó a escribir crónicas y reportajes, unas veces como periodista, y en otras ocasiones deslizándose en las trincheras como un simple soldado o instructor de milicias; contribuyendo a filmar documentales sobre la guerra; regresando a América para ofrecer discursos y promover la ayuda para la causa republicana; y regresar de inmediato a España, con el ánimo de hacer nuevos amigos en el frente, y compartir los peligros con los combatientes republicanos, y con las numerosas personalidades de la cultura mundial que estaban acudiendo por entonces a la península Ibérica; y desde una habitación del hotel Florida, en el centro de Madrid, desafiar el constante cañoneo y asedio sobre la ciudad; y como si fuera poco, enamorarse de nuevo, esta vez de una escritora: Martha Gellhorn.
Lo cierto es que para finales de octubre de 1938 Hemingway se encuentra instalado de nuevo en la habitación 525 del Ambos Mundos, en La Habana Vieja; viaja a Key West, y rompe sus relaciones con Pauline Pfeiffer; y con su yate Pilar, organiza un magistral repliegue hacia la fabulosa Habana.
Está por comenzar a escribir uno de los textos más polémicos de la época; y al mismo tiempo, la mejor novela que hasta hoy se conoce sobre la Guerra Civil Española.
Habría que imaginar a Hemingway en esa habitación nordeste, su preferida; en el quinto piso del hotel Ambos Mundos; habitación de cuatro por cinco metros, con una cama matrimonial y una mesa, y su máquina de escribir, iniciando su trabajo con las luces del alba, sudando, creando, fatigándose en la escritura de aquel complicado proyecto, hasta más allá del mediodía; pero sobre todo, con una encantadora muchacha dentro de aquella habitación, a la espera de que el escritor concluyera con su faena diaria.
Roto su matrimonio con Pauline Pfaiffer, y rotos también los intensos amores que había sostenido con la imprevisible Jane Mason, traía hacia los esplendores de La Habana a la encantadora Martha Gellhorn.
Se sabe que en esas circunstancias, en el hotel Ambos Mundos, escribió la primera versión de Por quién doblan las campanas. Luego, gracias al olfato que poseía Martha Gellhorn –quien se convirtió en su tercera esposa-, surgió la opción de Finca Vigía, en las colinas de San Francisco de Paula, a quince kilómetros de la capital, donde Hemingway, en quince meses de intenso trabajo, en julio de 1940, concluyó la revisión final de la novela.
Después de diez años de contactos con la cultura cubana, y de haber estado escribiendo en cuartos de hoteles, mesas de bares, tabernas y hostales, Ernest Hemingway echaba su anclaje definitivo en Finca Vigía.
For Whom the Bells Tolls, Charles Scribner´s, Nueva York, comenzó a circular el 21 de octubre de 1940. Novela destinada a alcanzar con rapidez un gran éxito; mítica historia de amor y de guerra que recorrió el mundo; y cuya primera edición estuvo a cargo de su amigo Max Perkins.
Por quién doblan las campanas transcurre alrededor de la voladura de un puente, acción que debe de impedir el avance de las tropas fascistas... Y donde el personaje central, Robert Jordan (el alter ego del escritor), se enamora de una muchacha española, de María; y es conducido a una de esas típicas situaciones hemingwayanas, en el contexto de la Guerra Civil Española.
Hemingway abordó esta novela con gran sentimiento y una profunda admiración hacia el pueblo español. Por quién doblan las campanas es el reflejo del impacto que produjo la guerra de España en el escritor; y que Hollywood (Paramount Pictures) comenzó a filmar en 1941, en Sierra Nevada, California. Los personajes centrales (María y Robert Jordan) encarnados esta vez por Ingrid Bergman y Gary Cooper.
La Habana, octubre del 2002
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lunes, 1 de marzo de 2010
Hemingway: EL MÁS UNIVERSAL DE LOS ESCRITORES NORTEAMERICANOS
En su extensa obra, tres novelas deslizan sus tramas a través de espacios que tienen una relación con lo cubano: Tener o no tener, 1937; El viejo y el mar, 1952; y la novela que nunca publicó en vida: Islas en el golfo, 1970.
Extraído de La Jiribilla
Enrique Cirules
La Habana
El más universal de los escritores norte-americanos (Oak Park, Chicago, 1899-1961) comenzó a carenar en el archi-piélago cubano a partir de abril de 1928. Por entonces ya era un maestro en el manejo de las frases cortas, directas, verídicas, y había aprendido a desconfiar de los adjetivos. A construir en vez de describir, y a utilizar la palabra que es dable usar en cada momento; y a escribir sobre los temas que le eran más conocidos, para cincelar una prosa objetiva, cargada de intención, además de suprimir algunos elementos, a cambio de saber exactamente qué partes se omitían, sabiendo que lo suprimido era capaz de darle más fuerza y realce al relato, con el fin de que el lector experimentara la sensación de que algo en extremo significativo había desaparecido del texto.
Había aprendido también a resumir dentro de un párrafo todo lo que se necesita para conformar una buena historia; y sobre todo, lo esencial para un escritor: observar, o vivir, o participar de los acontecimientos, para con esa realidad, construir después una nueva realidad narrativa, literaria.
Durante la I Guerra Mundial, Hemingway estuvo en el frente italiano, como miembro de un cuerpo de ambulancias; y más tarde, como corresponsal de un periódico canadiense, había recorrido una buena parte de Europa. Instalado en París, también se hacía presente en los escenarios españoles. Es la época en que se encuentra enfrascado en conformar un estilo, con una manera muy propia de abordar la literatura. Después de haber escrito su novela Fiesta, (1925) con la que se adueñaba de toros, toreros y plazas, estaba en la revisión final de Adiós a las Armas; y ahora regresaba a América (no al territorio continental, sino a un pequeño cayo del sur de la Florida), con tres novelas, diez poemas y un montón de magistrales cuentos, que le permitieron ocupar de inmediato un lugar prominente en la literatura norteamericana.
Pero las investigaciones más recientes revelan que desde abril de 1929, cuando, a bordo del yate Anita, Hemingway hace su segunda escala en la capital cubana, con el ánimo de dedicarse a la pesca de la aguja, durante una semana, en la corriente del golfo, todo comienza a complicarse.
Se sabe que por esos días, en la capital cubana, conoció a una de las mujeres más fascinantes de la época, a Jane Mason, esposa de un magnate de la Pan American; y aquella semana de pesca, se convirtió en una estancia de más de dos meses, instalado en el Hotel Ambos Mundos, entre saraos, encuentros y festines, mientras revisaba las galeras de Muerte en la tarde.
En estos primeros años, durante la década del treinta, con sus continuos viajes a La Habana, para encontrarse con Jane Mason, Hemingway comienza a adueñarse de plazas, embarcaderos, calles y bares, cantinas y restaurantes, hoteles y sitios costeros, en los alrededores de la capital cubana, para crear uno de los más grandes mitos de la literatura, y no precisamente con sus libros, sino con esa presencia suya entre los cubanos. Hemingway, en Cuba, se convierte en uno de los más grandes mitos de la literatura universal.
Por entonces, en compañía de Jane Mason, inicia también sus navegaciones hacia la cayería de Romano. Incluso inaugura el famoso yate Pilar en un extenso periplo (de julio a octubre de 1934), a lo largo de la costa norte de la Isla, con recalos en cayo Guillermo, cayo Coco y Sabinal, visitas al faro de Maternillos, y estancias en la célebre ensenada de El Guincho, para abordar el tren del alba, y salir en busca de la mítica ciudad del Camagüey, ciudad de célebres guerreros y afamados poetas; con el ánimo de visitar otros parajes en esa extensa llanura, entre los que estaban el central Santa Marta; y los perdidos poblados de alemanes, norteamericanos y europeos.
Luego, en el hotel Ambos Mundos, con sus experiencias de la Guerra Civil Española, en octubre de 1938, Hemingway inicia la escritura de Por quién doblan las campanas; novela que concluye más tarde en Finca Vigía, cuando ya se encuentra definitivamente instalado en Cuba.
Algunos meses después, con el yate Pilar, inicia una de las más insólitas aventuras, hacia el Viejo Canal de Las Bahamas, en busca de los inquietantes submarinos alemanes que había penetrado en aguas del Caribe.
Es en esa colina de San Francisco de Paula, donde, el Premio Nobel (1954) también escribiría A través del río y entre los árboles, 1950; El viejo y el mar, 1952; París era una fiesta, 1960; y El jardín del Edén, entre otros.
En su extensa obra, tres novelas deslizan sus tramas a través de espacios que tienen una relación con lo cubano: Tener o no tener, 1937; El viejo y el mar, 1952; y la novela que nunca publicó en vida: Islas en el golfo, 1970.
El tema de esta última novela nos muestra una reveladora y peculiar visión de la realidad cubana; en una novela cuyo objetivo esencial es conducirnos a la persecución de submarinistas alemanes, a través de los paradisíacos entornos de la cayería de Romano.
Sin embargo, en tan pocas líneas no es posible ofrecer una visión totalizadora sobre su obra y su vida; ni tampoco realizar ninguna otra consideración alrededor de uno de los escritores que más han influido en la literatura del siglo XX. De un autor que nos dejó, como ningún otro, un conjunto de aleccionadoras reflexiones acerca de los misterios (de los mecanismos, de los procesos) de la creación literaria.
La Habana, noviembre de 2001.
Extraído de La Jiribilla
Enrique Cirules
La Habana
El más universal de los escritores norte-americanos (Oak Park, Chicago, 1899-1961) comenzó a carenar en el archi-piélago cubano a partir de abril de 1928. Por entonces ya era un maestro en el manejo de las frases cortas, directas, verídicas, y había aprendido a desconfiar de los adjetivos. A construir en vez de describir, y a utilizar la palabra que es dable usar en cada momento; y a escribir sobre los temas que le eran más conocidos, para cincelar una prosa objetiva, cargada de intención, además de suprimir algunos elementos, a cambio de saber exactamente qué partes se omitían, sabiendo que lo suprimido era capaz de darle más fuerza y realce al relato, con el fin de que el lector experimentara la sensación de que algo en extremo significativo había desaparecido del texto.
Había aprendido también a resumir dentro de un párrafo todo lo que se necesita para conformar una buena historia; y sobre todo, lo esencial para un escritor: observar, o vivir, o participar de los acontecimientos, para con esa realidad, construir después una nueva realidad narrativa, literaria.
Durante la I Guerra Mundial, Hemingway estuvo en el frente italiano, como miembro de un cuerpo de ambulancias; y más tarde, como corresponsal de un periódico canadiense, había recorrido una buena parte de Europa. Instalado en París, también se hacía presente en los escenarios españoles. Es la época en que se encuentra enfrascado en conformar un estilo, con una manera muy propia de abordar la literatura. Después de haber escrito su novela Fiesta, (1925) con la que se adueñaba de toros, toreros y plazas, estaba en la revisión final de Adiós a las Armas; y ahora regresaba a América (no al territorio continental, sino a un pequeño cayo del sur de la Florida), con tres novelas, diez poemas y un montón de magistrales cuentos, que le permitieron ocupar de inmediato un lugar prominente en la literatura norteamericana.
Pero las investigaciones más recientes revelan que desde abril de 1929, cuando, a bordo del yate Anita, Hemingway hace su segunda escala en la capital cubana, con el ánimo de dedicarse a la pesca de la aguja, durante una semana, en la corriente del golfo, todo comienza a complicarse.
Se sabe que por esos días, en la capital cubana, conoció a una de las mujeres más fascinantes de la época, a Jane Mason, esposa de un magnate de la Pan American; y aquella semana de pesca, se convirtió en una estancia de más de dos meses, instalado en el Hotel Ambos Mundos, entre saraos, encuentros y festines, mientras revisaba las galeras de Muerte en la tarde.
En estos primeros años, durante la década del treinta, con sus continuos viajes a La Habana, para encontrarse con Jane Mason, Hemingway comienza a adueñarse de plazas, embarcaderos, calles y bares, cantinas y restaurantes, hoteles y sitios costeros, en los alrededores de la capital cubana, para crear uno de los más grandes mitos de la literatura, y no precisamente con sus libros, sino con esa presencia suya entre los cubanos. Hemingway, en Cuba, se convierte en uno de los más grandes mitos de la literatura universal.
Por entonces, en compañía de Jane Mason, inicia también sus navegaciones hacia la cayería de Romano. Incluso inaugura el famoso yate Pilar en un extenso periplo (de julio a octubre de 1934), a lo largo de la costa norte de la Isla, con recalos en cayo Guillermo, cayo Coco y Sabinal, visitas al faro de Maternillos, y estancias en la célebre ensenada de El Guincho, para abordar el tren del alba, y salir en busca de la mítica ciudad del Camagüey, ciudad de célebres guerreros y afamados poetas; con el ánimo de visitar otros parajes en esa extensa llanura, entre los que estaban el central Santa Marta; y los perdidos poblados de alemanes, norteamericanos y europeos.
Luego, en el hotel Ambos Mundos, con sus experiencias de la Guerra Civil Española, en octubre de 1938, Hemingway inicia la escritura de Por quién doblan las campanas; novela que concluye más tarde en Finca Vigía, cuando ya se encuentra definitivamente instalado en Cuba.
Algunos meses después, con el yate Pilar, inicia una de las más insólitas aventuras, hacia el Viejo Canal de Las Bahamas, en busca de los inquietantes submarinos alemanes que había penetrado en aguas del Caribe.
Es en esa colina de San Francisco de Paula, donde, el Premio Nobel (1954) también escribiría A través del río y entre los árboles, 1950; El viejo y el mar, 1952; París era una fiesta, 1960; y El jardín del Edén, entre otros.
En su extensa obra, tres novelas deslizan sus tramas a través de espacios que tienen una relación con lo cubano: Tener o no tener, 1937; El viejo y el mar, 1952; y la novela que nunca publicó en vida: Islas en el golfo, 1970.
El tema de esta última novela nos muestra una reveladora y peculiar visión de la realidad cubana; en una novela cuyo objetivo esencial es conducirnos a la persecución de submarinistas alemanes, a través de los paradisíacos entornos de la cayería de Romano.
Sin embargo, en tan pocas líneas no es posible ofrecer una visión totalizadora sobre su obra y su vida; ni tampoco realizar ninguna otra consideración alrededor de uno de los escritores que más han influido en la literatura del siglo XX. De un autor que nos dejó, como ningún otro, un conjunto de aleccionadoras reflexiones acerca de los misterios (de los mecanismos, de los procesos) de la creación literaria.
La Habana, noviembre de 2001.
martes, 10 de noviembre de 2009
En Memoria de Pauline Pfaiffer (La esposa de Hemingway)
Por Ivan Thays de Moleskine Literario
Ernest y Pauline Hemingway. Fuente: jfklibrary
París era una fiesta es un libro póstumo de Hemingway, y para muchos una de las mejores memorias escritas en el siglo XX, cuya publicación a manos de su cuarta esposa, Mary Hemingway, siempre ha estado atravesada por la polémica. Dicen que Hemingway en vida pensaba que el libro estaba incocnluso pero Mary, la viuda, impuso la edición luego del suicidio. Y ahora uno de los nietos de Hemingway, Sean, cuya abuela es la segunda esposa de Hemingway, Pauline, ha "restaurado" la edición del libro para demostrar que Mary lo manipuló para dejar a su abuela como una arpía. Si una viuda es demasiado, cuatro (y sus descendientes) es imposible de manejar. Dice la nota:
Ernest y Pauline Hemingway. Fuente: jfklibrary
París era una fiesta es un libro póstumo de Hemingway, y para muchos una de las mejores memorias escritas en el siglo XX, cuya publicación a manos de su cuarta esposa, Mary Hemingway, siempre ha estado atravesada por la polémica. Dicen que Hemingway en vida pensaba que el libro estaba incocnluso pero Mary, la viuda, impuso la edición luego del suicidio. Y ahora uno de los nietos de Hemingway, Sean, cuya abuela es la segunda esposa de Hemingway, Pauline, ha "restaurado" la edición del libro para demostrar que Mary lo manipuló para dejar a su abuela como una arpía. Si una viuda es demasiado, cuatro (y sus descendientes) es imposible de manejar. Dice la nota:
¿Por qué esta revisión? se preguntan muchos expertos o simples aficionados a la lectura. Los cambios son más bien pocos, en su mayoría de orden dentro del volumen. Lo que en un sitio aparece en un capítulo - el dedicado al poeta Ezra Pound-, ahora son dos, uno en el cuerpo principal y otro en los sketches adicionales. Así que sobre la iniciativa de Sean pende la sospecha de que la principal razón para esta revisión no es otra que la de "restaurar" la imagen de su abuela, Pauline Pfeiffer, la segunda esposa del autor de El viejo y el mar. En la edición clásica, a Pauline se la pinta como una depredadora que rompió el feliz matrimonio entre el escritor y Hadley Richardson. Esa misma pregunta del porqué se la formula a bote pronto uno de los lectores que ha acudido a escucharle. "Cuando se publicó por primera vez - contesta el nieto-no se utilizó todo el material. Mi abuelo lo dejó inacabado y el capítulo con el que se cerraba (Nunca hay un final en París) lo rehízo Mary". Precisamente es este capítulo el que ofrece el cambio más sustancial. En la nueva edición no aparece como tal. Parte de ese relato se encuentra en el núcleo central, en el llamado Inviernos en Schrums.Pero cortado de forma abrupta. De pronto se habla "de tres corazones", en lo que es la única referencia a Pauline, a la que no se cita por su nombre ni en un libro ni en el otro. "Cualquier culpa fue mía", escribe ahora Hemingway, se llame Ernest o Sean, para justificar su primera ruptura matrimonial. Además, la conclusión del primer relato se traslada, en la reedición, a los sketches. Es un nuevo título, The pilot fish and the rich, lugar en el que se recupera el tramo final del libro original aunque modificado. Se incide en la irrupción de la que sería la segunda esposa, aunque si en la edición de 1964 ella era la arpía, en la del 2009, el autor de Fiesta o Adiós a las armas asume la culpa. (...) Poco antes de suicidarse, Ernest Hemingway envió una carta a su editor, Charles Scribner, en la que le informaba que esas memorias de los años veinte "no pueden salir tal como están y no tienen final". Mary, su viuda, no lo vio igual y en un artículo que publicó en 1964 sostuvo que "Hemingway debía dar el libro por acabado". Se encargó de perfilar el manuscrito, cambió el orden de algunos capítulos y añadió otros que el autor había descartado. Y, lo más relevante, insertó un apartado final sobre la ruptura del primer matrimonio. El origen del proyecto restaurado, comenta Sean, se encuentra en su tío, Patrick Hemingway, hijo de Pauline. No esconde, porque así lo ha reconocido, que su tío cree que "la edición original fue terrible con su madre". La nueva le satisface. De la revisión de los archivos deduce que "sus padres fueron felices". Patrick, de 81 años, no arremete contra Mary en declaraciones a The New York Times, pero da una clave para entender la animadversión hacia Pauline y el cariño a Hadley: todo se debe, según su versión, a que Hadley poseía un cuadro de Miró que quería Mary.
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