domingo, 21 de noviembre de 2010

LITERATURA & PERIODISMO

sábado 6 de noviembre de 2010

Publicado por Eloy Jáuregui 

Fuente: La Columna retorcida de Diario 16



Me amotina. Para bien, la foto que rescata Heduardo. Mario Vargas Llosa tiene 18 años (1,954) y escribe en una vieja máquina Remington en la redacción de La Crónica. Luce el mismo perfil. Narigudo y dientes de conejo. Camisa manga corta, reloj, lapicero en el bolsillo y la mirada amarrada a esa cuartilla palpitante –supongo— en medio del tráfago del diario, que aguarda la escritura de esa impronta que, pasados casi 60 años, hoy se erigen como la mejor del mundo.

El texto vargallosiano no tiene nada de enigma. Al contrario, es calistenia escribal, lecturas pasionales, rigor por la precisión en la información. Aquello que se le exige a todo periodista. La ecuación es: disciplina, severidad y una pizca de talento. Cito a MVLl en esta ‘caza’ de citas quien parafrasea a Flaubert: “Escribir es una manera de vivir y esa sentencia es absolutamente exacta. Mi manera de vivir es escribir, mi vida entera está organizada en torno a mi trabajo. Yo nunca dejo de escribir”. ¿Flaubert? ¿Sabrá algún profesor de colegio quién diablos es Madame Bovary? Bien, el escritor francés es (fue) la luz de Vargas Llosa. ¿Un maestro de escuela sabe de “La orgía perpetua”? Lo dudo, como cantan Los Panchos.

En otra foto lo veo a sus setentaitantos años en el Congo –acopiando información para su reciente novela “El sueño del celta”. Entre ésta y la otra foto pasó un poco más de medio siglo. ¿Escribiendo? Sí. Y sigue. Y es admirable. Y es ejemplo. No comparto sus ideas políticas. Ya habrá tiempo para ese desahueve. Pero como periodista, MVLl es irreprochable. Y como deicida –ese que niega la creación de Dios— es genial al fundar un universo propio. Cito: “El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes, y sus ojos ardían con fuego perpetuo…”. Carajo, ni la Biblia.

Vallejo y Mariátegui fueron antes que cualquier cosa, también periodistas. ¿Merecían el Nobel? Sí. Entonces me aseguro: El periodismo mejora la calidad de vida e incluso, educa. ¿Y en el Perú de hoy? Otra vez, en bolero, lo dudo. Qué hacer como diría Lenin. Leer a Flaubert y harto Vallejo. Pensar que se puede ser feliz trabajando en periodismo. Qué sea una pasión. Que obligue a ser honesto. Que disuelva las intolerancias. Que nos atiborre de sensibilidad, ternuras y libertad. ¿Se puede? Sí. MVLl lo acaba de instituir. 

“Escribir es una manera de vivir y esa frase para mi es absolutamente exacta. Mi manera de vivir es escribir, mi vida entera está organizada en torno a mi trabajo. Yo nunca dejo de escribir”.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Literatura y folklore: los refranes

Por Fernando Lázaro Carreter

Año 1978

Extraído de la biblioteca Virtual de la Fundación Miguel De Cervantes

Entre las múltiples fronteras que importan a la Poética, figura la que, con toda seguridad, debe separar los productos literarios de los folklóricos, tantas veces confundidos en la tradición crítica; y bien explicablemente por cierto, si pensamos en la relación efectiva, que, por ejemplo, existe entre los refranes y la primitiva lírica castellana, tan doctamente elucidada por Margit Frenk de Alatorre en un trabajo ya clásico314. Pero relación no implica confusión, y el problema que afronta la ilustre investigadora es, justamente, el de cómo unos dichos sentenciosos parecen transmutarse en cantares y, a la inversa, cómo fragmentos de cantar se incorporan al caudal paremiológico. Ocupándose no hace mucho de tales interrelaciones, el hispanista francés L. Combet ha escrito de manera muy razonable: «il ne faudrait pas croire que le refrán et la copla participent totalement de la même realité poétique [...]; il faut séparer le refrán de ces produits purs de la lyrique populaire que l'on vient d'examiner»315 (es decir los cantares, las seguidillas, los villancicos, etc.).

Sin embargo, esa prudente separación, que puede remitirse a la más general aludida al principio entre Folklore y Literatura, no ha sido observada por muchos, que han tendido a identificar ambos dominios, llevados de un equivocado fervor popularista o de una perfecta incomprensión del hecho literario. Empezando por el ilustre Martín Sarmiento, que aplicaba al asunto la lógica racional del siglo: «Los primeros principios de los versos menores en España habrán sido los adagios o proverbios, y los versos mayores se compondrán de los menores»316. A él lo han seguido, ya sin vacilaciones, Joaquín Costa, Cejador, Sbarbi... La teoría del exclaustrado aragonés resulta bien notable: en las comunidades primitivas debieron de surgir primero los refranes a modo de código social; pero el sentido poético del pueblo los fue enjoyando con toda suerte de adornos, hasta el punto de transformarlos pronto, de aprestes máximas, en beldades dignas de codearse con los partos de las musas. Y, así, por mutación progresiva, se habría llegado del refrán a la copla, al zéjel, al villancico y a la seguidilla. El racionalismo de Sarmiento ha dejado paso aquí a un ingenuo biologismo evolucionista, también propio de su momento. Del mismo modo Alfonso Reyes se mostraba hijo del suyo al escribir: «Interviene por último, en la formación de los proverbios un sentimiento lírico, innato en el espíritu popular y que hace que todos prefieran hablar en verso y no   —140→   en prosa»317. Pero en nuestros días mismos, un eminente lingüista como Eugenio Coseriu, a quien, claro es, no podían ocultársele los múltiples rasgos que oponen los fenómenos folklórico y literario, ha escrito de los refranes (y de otras acuñaciones de lo que él denomina «discurso repetido»), que son «una forma de "literatura" (en sentido amplio, es decir: también ideología, moral, etc.) englobada en la tradición lingüista y transmitida por la misma. Así -prosigue-, los refranes son una forma de la literatura popular española»318. La afirmación vale, por supuesto, si, como Coseriu hace, se escribe la palabra Literatura entre comillas, y si luego se añade que ese término debe tomarse en una acepción no estricta. En cualquier caso, mejor sería definir los refranes como lo que son: manifestaciones folklóricas del discurso repetido -yo prefiero llamarlo «lenguaje literal»-319 incorporadas a la competencia de los hablantes que forman una misma comunidad idiomática.

Sin embargo, el maestro de la Poética actual, Roman Jakobson, sorprendía en 1952 con afirmaciones tan aparentemente extrañas como éstas: La «conception de langage poétique, comme une forme de langage où la fonction poétique est prédominante, nous aidera à mieux comprendre le langage prosaïque de tous les jours, où la hiérarchie des fonctions est différente, mais où cette fonction poétique (où esthétique) a necessairement une place [...]. Il existe de cas-frontières instructifs: la plus haute unité linguistique codée fonctionne en même temps comme le plus petit tout poétique: dans cette aire marginale, les recherches de [...] Shimkin sur les proverbes offrent un thème de réflexions fascinant, le proverbe étant à la fois une unité poétique et une unité phraséologique et une oeuvre poétique»320.

Esta aserción resulta sorprendente sólo si descuidamos el hecho de que Jakobson no habla aquí de «literatura», sino de «poesía», y de que con el término «poesía» (concepto inestable y variable en el curso del tiempo, según declara) quiere aludir más bien a la «poeticidad» que se manifiesta por el hecho de que la palabra se siente como tal palabra, y no como simple sustituto del objeto nombrado, ni como estallido de emoción321. En suma, lo que Jakobson parece decir en ese punto es que el refrán, aun perteneciendo, según su expresión, al «lenguaje prosaico de todos los días» se incorpora a su flujo con las huellas bien visibles de la «función poética», que le imprime rasgos formales muy apartados de los del estándar.

Y no puede ser de otro modo porque a él y a su colaborador Bogatyrev debemos uno de los más inteligentes ensayos publicados hasta ahora acerca de la naturaleza no literaria de las creaciones folklóricas. O, si se prefiere, sobre la necesidad de distinguir entre dos maneras de crear, habitualmente confundidas, y que solemos denominar Literatura y Folklore322.

Por supuesto, al intentar un deslinde entre ambas entidades no se quiere negar que muchísimos productos folklóricos suscitan, en quien los contempla o los oye, ese tipo de reacciones que solemos identificar como estéticas. ¿Quién puede dudar de la hermosura de muchos cantos o de muchas danzas rituales? ¿Y de que en su creación ha intervenido de modo terminante un impulso artístico? Lo que queremos afirmar sólo es la existencia de diferencias entre Literatura y Folklore oral,   —141→   que son principal, aunque no exclusivamente, diferencias de función; y que, por supuesto, el Refranero, en contra del sentir generalizado a que hemos aludido, no puede incluirse bajo rúbricas tales como «Literatura» (o como la acuñada por el folklorista americano W. R. Bascom, de «Arte verbal»323, porque ésta tiende a recubrirse con la anterior). Yo me mantendría en la más aséptica y probablemente más certera denominación de «Folklore oral» para ese tipo de acuñaciones lingüísticas colectivas anónimas, destinadas alguna vez al canto e integradas en la cultura de una colectividad como patrimonio común. Que el paso del Folklore oral a la Literatura sea a veces sumamente fácil, es algo que hemos ya afirmado al comienzo de esta comunicación y que se manifiesta con múltiples ejemplos detectables en la Literatura española. El más visible de todos tal vez sea el tránsito del romancero viejo al nuevo; o la incorporación del primero a la comedia. Fenómenos así se han producido y se producen en el seno de todas las culturas literarias324. Pero esa mutación o esa incorporación sólo son posibles si ha habido un cambio radical de funciones.

¿Quién ha inventado los productos folklóricos? Más concretamente, ¿quiénes son los inventores de los refranes? Dejemos de lado el hecho de que puede rastrearse el étimo de algunos en otra culturas, de donde han sido importados. Y a veces, ¡de qué modo! La máxima de Terencio Veritas odium parit fue convertida por el pueblo castellano en Hocico dambico, varitas os dio padre325. Lo asombroso no es sólo la deformación, sino que al oír esto todos entendían, hacia 1600, que el cantar las verdades al prójimo lo irrita. No me refiero a esta cuestión, sino a la del origen absoluto del Refranero. El debate, como todos saben, se plantea entre quienes postulan un creador individual, y quienes piensan que han sido forjados colectivamente. Problema quizá irresoluble, en el que, sin embargo, un punto parece claro: la colectividad es cocreadora, en el sentido de que pone aduana al empeño de esas acuñaciones por penetrar en los saberes comunes, abriéndola o cerrándola según designios misteriosos326. Y, todavía más, se adueña de las que pasan para configurarlas a su gusto: Hocico dambico, varitas os dio padre.

Henos aquí con el primero de los rasgos diferenciales que apresuradamente voy a apuntar: el proverbio nace, no en el acto de su invención, sino en el de la aceptación y absorción por la comunidad. De ahí que esté sujeto a la irrecuperabilidad   —142→   que Jakobson327 señaló como carácter de lo folklórico. Una obra literaria que no haya tenido acogida en su tiempo, que, incluso, haya permanecido inédita, puede conocer el éxito muchos años después; en cambio, un cantar o un refrán creados y no asimilados se desvanecen para siempre. Ello se debe, claro es, al modo de transmisión oral de tales productos folklóricos; y ese modo de existencia condiciona su función. Porque la literatura se dirige a receptores de cualquier tiempo y lugar, y el refrán a posesores -es decir, a un público que lo hace suyo- en tiempos y lugares concretos. El hecho de que muchos dichos sentenciosos aparezcan en comunidades diversas como fenómenos de préstamo, no invalida la convicción de esas comunidades, que los consideran propios y hasta exclusivos. Las relaciones obra literaria-receptor y obra folklórica-posesor, son bien distintas, e implican funciones bien diferentes para cada uno de sus miembros.

La primera relación, en efecto, es voluntaria. El receptor establece contacto libremente con la pieza artística que le importa, cuando y como quiere; selecciona entre el repertorio que se le ofrece; y su interés excluye muchísimo más de lo que incluye. El Refranero en cambio, en un momento dado y en una sociedad dada, es aprendido, se diría que coercitivamente, por todos los individuos de la colectividad en calidad de rasgo importante para su identificación como miembros de ella. El refrán, al igual que otras manifestaciones folklóricas, presiona, pues, como una necesidad de orden práctico; y de ese orden son sus principales funciones328.

Así, salta a la vista la misión fundamental que desempeña de confirmar la cultura a la que sirve, justificando sus creencias, sus ritos e instituciones. Louis Combet, en su estudio sobre el Refranero español, ha examinado a esa luz numerosas máximas populares referentes al rey, la corte, la nobleza, la clerecía, la justicia, el ejército, la medicina, los estudios, la mujer, etc.: todo un repertorio de órdenes, de prescripciones legales o con valor legal para la antigua sociedad castellana circulaba activamente diluido en la competencia lingüística de los hablantes, sujetándolos a modos de comportamiento que las clases dominantes deseaban ver perpetuados. Es lo que, con terminología a la moda, podríamos denominar función represiva del Refranero. En parte, contrarrestada, claro es, por otras dos funciones compensatorias: la meramente lúdica, y la aliviadora de las mismas represiones que impone, sobre todo en la vida sexual. Pero ambas son tributarias de la primera, la de ejercer un control sobre la sociedad.

Las obras literarias pueden desempeñar también esa misión (y recordaremos todos a Lope de Vega), pero el hecho de que puedan contrariarla atacando las convenciones sociales, revela en la Literatura una capacidad vedada al Folklore. El fenómeno se ha manifestado en las protestas que muchos artistas y pensadores han expresado contra los refranes populares; en la Francia clásica, fueron Adrien de Montluc, Vaugelas y Molière...; y este sentimiento no cesó de crecer, hasta el desprecio que por ellos se sintió en el Siglo de las Luces. En España, en cambio, humanistas, artistas y filólogos han privilegiado secularmente los «evangelios breves» con su estima, y sólo hay unas pocas excepciones insignes. Así, la de Gracián rectificando en el Criticón el contenido de varias docenas de ellos; la de Quevedo; o, ya en el siglo XVIII, la de Feijoo. Quevedo adoptó la actitud más corrosiva: la de burlarse; Gracián y Feijoo, la de discutir y negar su presunta verdad. Y al obrar así, establecían una barrera más, bien clara, entre Folklore y Literatura, ya que los productos de ésta escapan a cualquier intento de verificación. Y si la admiten (obras de tema histórico), la demostración de su verdad o de su falsedad   —143→   no las califica o descalifica estéticamente: perecerán o vivirán por otras razones. Digamos de paso que la rápida desaparición del Refranero en nuestra actual conciencia colectiva, aun lamentándola muchos, y siendo en ciertos aspectos nostálgicos lamentable, no parece indicio valioso de pérdida de aptitudes idiomáticas por parte de los españoles: existen otros síntomas mucho más graves. Revela sólo que la comunidad hispanohablante ha perdido docilidad ante esas consignas acuñadas que, formando red, trabaron y configuraron la sociedad tradicional, imponiéndole virtudes reales o falsas, justificando sus buenas y sus malas acciones, inmovilizándola en conformismos, a veces sumamente cínicos. Ese saber proverbial no es tal saber, como señaló Hegel329, y creo que podemos abandonarlo sin sufrir quebranto. Bien están, como recuerdo del tesoro perdido, los refranes sobre el tiempo, muy vivos aún en el campo... y en los partes meteorológicos.

Ante este sumario intento de excluir esos dichos sapienciales del ámbito de la Literatura, podrá argüirse tal vez que, a pesar de todo, a muchos, su estructura formal los hace ser versos, esto es, organizaciones indiscutiblemente literarias. Jakobson330 adujo el testimonio del psicolingüista francés Marcel Jousse, que, en 1925, reconoció el carácter estrictamente mnemotécnico del ritmo y de la rima paremiológicos, reservando el término verso para la Literatura, y el de esquema rítmico para las acuñaciones populares. Pero esa distinción no creo que diferencie suficientemente los términos que se pretende oponer. Debemos considerar que refrán y poema son «mensajes literales», en el sentido que ya he explicado otras veces de «mensajes destinados a ser reproducidos en sus propios términos» y que, como tales, comparten muchas propiedades entre sí y con los demás productos del lenguaje literal: eslóganes, conjuros, plegarias, reclamos publicitarios, inscripciones, etc. Ritmo significante y rima, no pertenecen, pues, en exclusiva al poema, y lo mismo que no sirven para distinguir a éste del refrán, tampoco son útiles para identificarlos. A simple vista, no parece lo suficientemente clara la oposición entre verso y esquema rítmico según la diferencia terminológica propuesta por Jousse. Tal vez pudiera apuntarse la tendencia al isosilabismo en los productos literarios elaborados, frente a la regularidad mucho menor que se observa en los refranes y en gran parte del folklore oral; pero los romances y tantas estrofas folklóricas regulares hacen que se desvanezca esta presunta diferencia. Quizá la inexistencia de la rima en muchísimos refranes constituyera una marca algo más segura; pero la contradicen en seguida los millares de refranes rimados. Yo no veo método cierto para diferenciar Folklore y Literatura por este camino; la rima y el ritmo significante sólo sirven para oponer el lenguaje literal al fungible o no literal.

Creo que nos acercaremos más a una distinción neta si nos fijamos en algo que ya apuntó Jousse, y que ha formulado A. Taylor con mayor decisión, al preguntarse por las fronteras entre Folklore y Literatura: «An obvious difference is that folklore uses conventional themes and stylistic devices and makes no effort to disguise their conventional quality while literary artist either divests his work of conventional quality by avoiding clichés of either form or matter or [...] charges them with new content»331. Prescindiendo de lo referente al contenido (no porque sea falso, sino porque aquí no interesa), esto sí que es un hecho demostrable. El ritualismo formal de la lírica popular o el romancero viejo ha sido múltiples veces observado: rasgos estructurales que hicieron fortuna en una pieza, se repiten en otras, simplemente porque probaron su eficacia. En los refranes, el fenómeno abruma por su abundancia. Alguien inventó, por ejemplo, el esquema No hay tal   —144→   -como-, y el molde funcionó para estampar varias decenas de dichos sentenciosos ajustados a ese esquema sintáctico:

No hay tal andar como a Cristo buscar
No hay tal caldo como el zumo del guijarro
No hay tal calva como la que está sin pedrada
No hay tal doctrina como la de la hormiga
No hay tal razón como la del bastón, etc., etc.

¿Fue bien recibido el esquema proporcional de, por ejemplo, A casas nuevas puertas viejas? A él se acogieron muchísimas sentencias para beneficiarse de su éxito de difusión:

A asno tonto, arriero modorro
A barba muerta, poca vergüenza
A braga rota, compañón sano
A buena pieza, mala suela
A concejo malo, campana de palo

Y muchas docenas más, que no aspiraban a producir novedades formales, sino a reproducir consentimientos.

La Literatura procede de remotas fuentes folklóricas, pero, al constituirse como tal Literatura, lo que hizo fue ir afirmando una personalidad propia en un largo proceso de secesión, mediante el cual estableció una diferencia cualitativa respecto del Folklore. Nuestras historias literarias no señalan bien cuáles y cómo fueron los pasos de esa transición. Pienso que ello debería entrar dentro de sus preocupaciones, porque ofrecen una imagen turbia o equivocada del acontecer histórico cuando no distinguen entre dos sistemas diferentes de producción y de recepción. Por un lado, el carácter de co-creación y de posesión por parte de los destinatarios que hemos descrito como anejo al Folklore, no precisamente motivado por una obsesión estética; el cual no sólo ha de ser consabido sino que además controla la conducta de los individuos en la sociedad o los hace reconocerse miembros de ella; que adopta para estructurarse modelos cuya fertilidad ha sido demostrada, y que halla en su propia reiteración una vía segura para instalarse en la comunidad. Y por otro lado, el proceso de creación y de recepción típicamente literarios, conducido por un impulso que desconoce el folklore o que no es parte fundamental de su funcionamiento: el deseo de originalidad. Los formalistas rusos vieron muy bien que éste era el estímulo del progreso literario; creo que lo es igualmente de ese lento avance de la Literatura hacia su independencia, a que acabo de aludir. Más aún (y se perdonará la desmesura de esta propuesta que formulo ya al final, y que necesitará mucho espacio para apoyarla con pruebas): sospecho que todo el acontecer literario, y, por tanto, que la historia de cualquier Literatura resulte de dos movimientos alternantes y activísimos; de un lado, el de los escritores que tienden a salirse de las convenciones temáticas y formales del pueblo a que pertenecen, es decir, de su tribu; y de otro, el de la tribu que, con mayor o menor reluctancia, asimila las innovaciones, folklorizándolas en diverso grado, incorporándolas a su sistema de vivir, el cual no puede apropiárselas sin cambiar también un poco. Todo lo no asimilable será espúreo para la tribu, ajeno, y, muchas veces, vituperable y maldito. Podemos llamar originalidad a la escapada del redil tribal, que hace progresar las artes y la vida social. Pero, insisto, haría falta mucho tiempo para fortalecer esta hipótesis con demostraciones. Quedémonos en esto: en que la Literatura, presa de tantas constricciones formales como el Folklore, se ha ido emancipando de él a impulsos de un anhelo de   —145→   libertad. El cual, en sus últimas fases, ha ocasionado, como hemos dicho una víctima insalvable: el Refranero. No nos lamentemos de ello; si acaso, quejémonos de que creencias menos castizas, no elaboradas por nosotros, han tejido a nuestro alrededor otra densa malla de verdades, semiverdades y mentiras. Confesemos también que la Literatura ha contribuido no poco a eso, y que tal vez debamos aguardar a que asuma de nuevo su función liberadora.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Entrevista exclusiva con Eduardo Galeano

Fuente: Blog El Puente de Argentina

Entrevista: Eva
06 de junio de 2010

El Puente viajó hacia Montevideo, Uruguay para realizar una entrevista con Eduardo Galeano, reconocido escritor galardonado en el mundo entero. Fue una charla amena y muy valiosa, a metros del histórico Teatro Solís en Ciudad Vieja de la capital uruguaya. Por momentos parecía que uno estaba leyendo un libro o mirando una emisión televisiva en la que hablaba Eduardo… pero en realidad estábamos conversando de par a par. Aprovechamos este espacio para agradecerle, nuevamente, la oportunidad de haber compartido un café y una charla inolvidable.

EL PUENTE: ¿Qué visión tiene sobre el mundo actual?


Eduardo Galeano: Trato de verlo… es difícil verlo porque está muy enmascarado, muy complicado, pero uno hace lo posible por entender este mundo inexplicable donde cada minuto mueren 15 niños de una enfermedad curable. Cada minuto ese mismo mundo gasta tres millones de dólares en armamento. La industria de la muerte devora la mayor parte de los recursos en este mundo que dice ser pacífico, que además dice ser democrático, pero está dirigido por los cinco países que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas y son quienes cortan el bacalao. Los otros desempeñamos una función simbólica.

EP: Y en este mundo que acaba de describir, ¿qué función cumple la comunicación?


EG: Se han abierto canales nuevos en las estructuras de los últimos años. De algún modo a mí me han devuelto la confianza, la posibilidad de que la tecnología pueda ser amiga de las mejores energías humanas, cosa que no siempre se da. Te lo digo porque internet nació al servicio del Pentágono. En realidad, nació como fruto de un trabajo arduo y largo de los investigadores de la Universidad de Berkeley, en California.
Pero después internet quedó en manos del Pentágono para la planificación de sus operaciones en el exterior, es decir, para programar a escala universal estas operaciones militares que estaban al servicio de los grandes exterminios, que en realidad no se llaman así, pero merecerían ser así llamados. Sin embargo, con el paso del tiempo, paradójicamente – hay paradojas que te devuelven el optimismo cuando éste se te cae por un agujerito del bolsillo -  internet terminó por convertirse en una herramienta muy diferente, que sigue sirviendo a fines militares, pero también a muchos otros fines y que además, sin ninguna duda, ha ampliado el espacio de la comunicación. Esto permitió que resuenen de otro modo y, mil veces más que antes, las voces que antes estaban condenadas a resonar a campana de palo. O sea que sólo existían para minorías muy minoritarias pero que en general, encarnaban causas valiosas para el género humano. No siempre las voces que más resuenan coinciden con las mejores bocas, más bien ocurre al revés. Entonces muchos de esos grupos que parecían condenados a la soledad o al aislamiento, gracias a esta tremenda revolución tecnológica que significó internet, ahora tienen otras posibilidades de comunicación. Igual, los grandes centros de comunicación están monopolizados en muy pocas manos, sobre todo la comunicación de mayor resonancia popular que sigue siendo la televisión.

EP: Entonces le ve el lado positivo a internet…


EG: Con internet me pasó una cosa muy complicada. Yo como soy prehistórico, en realidad pertenezco a una etapa de la humanidad ya superada, el pre paleolítico y el neolítico, entonces tengo una desconfianza natural a las máquinas. Siempre sospeché de estas máquinas nuevas que aparecían. Las tomaba con pinzas, con mucha desconfianza porque tenía la sospecha de que bebían de noche. Cuando nadie las veía, ellas bebían, se dedicaban al trago fuerte y por eso hacían cosas inexplicables durante el día. Todavía tengo esa sospecha pero ya la he superado bastante. Ahora mi opinión cambió. Incluso hasta escribo a máquina, aunque escribo a mano, soy manual: manuscrito soy, pero después utilizo la computadora. Lo mismo me pasó con internet. Lo veía con mucha desconfianza, pero reconozco que tiene muchas virtudes, aunque mi experiencia personal no es la mejor. Porque en mi larga vida de escritor, los tres artículos que más repercusión tuvieron y por los que me paran en la calle para felicitarme y circulan con mi firma en internet, no son míos. Uno se refiere a “Las cosas viejas”, otro que se llama “Por qué no tengo un DVD”, lo cual es falso porque sí tengo y otro que es “Mi nieta Sofía” y yo no tengo ninguna nieta Sofía. Entonces están estos tres trabajos de enorme éxito y que me felicitan por eso que yo no escribí. Y habiendo escrito tanto, empiezo a deshojar la margarita… me mato, no me mato, me mato, no me mato…

EP: Y consecuentemente con esa pregunta viene ligado el rol los medios de comunicación y qué opinión le merece la Ley de Servicios Audiovisuales de la Argentina que tanto ha dividido las aguas.


EG: Yo hago lo poquito que puedo y no lo muchito que quiero. Lamentablemente no he podido leer del todo la ley, me encantaría poder hacerlo. De todos modos te digo, me parece sano todo lo que contribuya a lidiar un poco el peso de los monopolios a escala universal, monopolios que todavía controlan la comunicación en gran medida. El margen de aparición de las voces independientes se multiplicó gracias a la tecnología en estos últimos años. Pero, de todos modos, los grandes medios siguen  siendo pocos y cada vez en menos manos. No conozco la ley argentina como para poder opinar sobre ella, pero sí en líneas generales te diría eso y también te diría que es bueno todo lo que se pueda hacer para estimular el desarrollo de los medios alternativos de comunicación que vienen desde la realidad. O sea que no opinan sobre ella, sino que viene de ella. Por ejemplo las radios comunitarias, las emisoras comunitarias o los mil y un periódicos que hay por ahí, que yo creo que son la prueba de la vitalidad social que el mundo conserva. La capacidad que el mundo todavía tiene de sentir ganas de sentir y de hacer.

EP: En relación al tema del Genocidio Armenio, ¿cómo analiza esta lucha?


EG: La lucha del pueblo armenio por el rescate de su propia memoria y por el reconocimiento internacional de lo que allí ocurrió, es una lucha que no es solamente armenia, es una lucha internacional. Es una lucha por el rescate de la memoria. Los pueblos que han sufrido matanzas, como es el caso de los países latinoamericanos que han pasado períodos de represión feroz parecen no tener derecho a la memoria. Es un mundo que llegó al nivel más abominable del derecho a la propiedad y, la memoria también tiene propietario, entonces hay países con derecho a la memoria y países que no. Esto es una prueba de que este mundo no es de veras democrático. En el último libro que publiqué, “Espejos”, que es un libro de esos raros que yo hago, cuento una historia real. Cuando Hitler estaba por invadir Polonia, mientras se reúne con su estado mayor, para estudiar los pro y los contra, porque ya había decidido invadir y tenía lista la coartada. Además había inventado que Polonia quería invadir Alemania que es siempre la misma historia… ningún país tiene la honestidad de decirlo “yo mato para robar” sino que dicen “yo mato para defenderme”, las guerras son todas defensivas y ésta también. Hitler eso ya lo tenía preparado, pero quería conversar con sus más próximos sobre cómo veían ellos la invasión de Polonia y ahí surgieron algunas observaciones “cómo caerá esto en el mundo, cómo lo entenderá la opinión pública internacional, no habrá mucho alboroto, si no se armará mucho lío” y Hitler cortó la discusión con una sola pregunta: “¿y quién se acuerda hoy de los armenios?” Ahí se callaron todos e invadieron Polonia con la impunidad con la que había ocurrido, algunos años antes, la matanza de los armenios.


EP: Entonces esto lo convierte en un asunto de todos…


EG: Yo creo que el derecho a la memoria es un derecho universal, un derecho humano, todos tenemos el derecho a recordar y, por lo tanto, tenemos derecho a la justicia. O sea que esa memoria también implique derecho a la justicia. Yo soy un convencido de la causa. Pero también fui derrotado dos veces. Fui dos veces miembro de la comisión que organizó aquí los plebiscitos contra la ley de impunidad, contra una ley infame que se votó en el Uruguay que otorgó impunidad al Terrorismo de Estado. Entonces, a fines de los años 80, hicimos el primer plebiscito contra esa ley y lo perdimos por poquito, pero lo perdimos. Y ahora en el 2009, junto con las elecciones hicimos una campaña y se hizo el plebiscito contra la impunidad de nuevo, pero perdimos una vez más, por muy poquito, pero perdimos. O sea que hemos sido derrotados dos veces. Da la impresión que la mayoría de la gente de países como este, como el Uruguay, no es que esté a favor de los militares ni mucho menos, pero que no le dan demasiada importancia o que piensan que no hay que revolver esas cosas. La idea de que, como decía un político uruguayo, “no hay que tener ojos en la nuca, los ojos están al frente”, pero ocurre que si uno tiene ojos en la frente y no tiene ojos en la nuca corre el peligro de no recordar en los pozos en los que cayó, las piedras con las que tropezó y eso conduce a la repetición de la historia. La mayoría de la población en Uruguay creo que no tiene la conciencia suficiente como para ir y votar. Lo que pasó fue que no conseguimos los votos necesarios, los demás no se pronunciaron, no es que votaron en contra. Esto quiere decir que la gente no se lo tomó o no estaba bien informada y porque además, nuestra fuerza de izquierda, el Frente Amplio, a la cual yo pertenezco tampoco se movió mucho por esto. Entonces el tema de la memoria es un tema muy delicado, muy complicado en todo el mundo, no sólo para Armenia y esto no te lo digo como consuelo. Es muy difícil pelear por la recuperación del derecho de recordar, que es un derecho inalienable, un derecho fundamental del ser humano, tanto en el plano personal como en el plano colectivo. El derecho de recordar nos permite confirmar que no hemos nacido de la oreja de una cabra, o sea que hay una continuidad en el proceso humano, en esta navegación terrestre de la que formamos parte.

EP: Pasando a otro tema… al capitalismo y su crisis actual… qué opina al respecto, se acerca el final demostrando que no es un sistema eficiente, son fisuras o simplemente se trata de una crisis más de la que saldrá fortalecido el mismo sistema?


EG: Soy un pésimo profeta, hasta en el fútbol que es el tema que más me interesa. Cada vez que auguro una victoria, viene una derrota como ahora, yo soy de Nacional y ayer perdimos con Peñarol.

La muerte del capitalismo ha sido anunciada tantas veces que yo no me la creo. Parece tener más de siete vidas, a diferencia de los gatos, o por lo menos hasta ahora ha demostrado una gran capacidad de supervivencia. El capitalismo tiene una estructura montada que funciona, con mucha eficiencia, para descargar su crisis sobre las espaldas de sus víctimas. Es decir, son los pobres los que pagan la crisis de los ricos. Y también son los pobres los que ponen los muertos en las guerras y los que proporcionan al sistema una mano de obra barata que los salva también de cada una de sus caídas y de los períodos críticos.

Estos mecanismos funcionan a escala universal, estos mecanismos de comercio, de créditos que manejan también las relaciones laborales y hasta ahora les ha permitido mantenerse a flote y además sobrevivir recompensando a los culpables de cada una de las crisis. Esta última, que todavía está pegando coletazos a todo el mundo, nació en Wall Street, nació por obra y gracia de los especuladores de Wall Street, pero cualquiera que lea los diarios puede creer que la crisis nació en Grecia. Entonces estos señores, los responsables de la crisis, los especuladores timbearon al mundo, el mundo ahora es una ruleta. El capitalismo cada vez más financiero y menos económico, se habla cada vez más de las finanzas y menos de la economía y entonces qué pasó, estos señores se retiraron de la crisis cobrando unas indemnizaciones fabulosas, como si fueran sus víctimas y no sus verdugos. El último es el caso del presidente del directorio de la Goldman Sachs, que es una empresa dedicada a la delincuencia y es la que asesoró a los gobiernos griegos anteriores a éste para que mintieran en sus datos sin que se notara. Este hombre se ha retirado con unos diez millones de dólares de recompensa, lo que no está mal para uno de los autores de los crímenes. O sea que hasta en esto el capitalismo demuestra una gran eficiencia. Es ineficiente desde el punto de vista del flaco favor que nos hace a todos distribuyendo tan mal los panes y los pesos. Pero sí es eficiente a la hora de recompensar su abnegación.

EP: Siguiendo en este mismo contexto y teniendo en cuenta que primero el imperio atacó con armas, después con las dictaduras y más tarde con las medidas neoliberales… creo que ahora hay un cambio con esta actitud de unidad latinoamericana, cómo cree que influye esto sobre el imperio?


EG: Sí. Yo creo que Latinoamérica se tiene que unir por una cuestión de sentido común, pero cuesta mucho. Todavía estamos lejos de la unidad deseada. Quizás porque todos los discursos la invocan y cuando más invocan, menos hacen. Hay un desencuentro, que es una tradición latinoamericana entrañable entre los discursos y los hechos: cuanto más se habla de unidad, menos se la practica. La verdad que no es un proceso fácil, es un proceso muy complicado y que va a llevar mucho tiempo. Porque hemos sido organizados para el desvínculo, para el odio mutuo, para la ignorancia mutua, para pelearnos entre nosotros en vez de actuar juntos. Si no te unís, estás frito porque este es un mundo de grandes espacios divididos donde por  separado no tenemos lugar. Pero cuesta.

EP: Pero ha habido un cambio de actitud…


EG: Sí, eso sí. Por lo menos hay una disposición nueva de que tenemos que encontrarnos, pero es muy complicado no va a ser fácil. Incluso ahora en Europa se está viendo que la moneda común, que es la misma idea que estaba presente en América Latina, demuestra que no es la primera etapa sino que es de las últimas y no hay que apurarse con ese tema por los desniveles que existen. Nosotros somos una unidad posible de muchas diversidades, lo que es bueno en principio, es bueno que el mundo sea diverso, es bueno que no estemos condenados a morirnos de aburrimiento, pero tampoco queremos morirnos de hambre, pero tiene el inconveniente de que es un tema de contradicción en América Latina. Es una región llena de contradicciones internas, pero no hay que tenerle miedo a las contradicciones, son la prueba de que es un territorio vivo, es un reino vivo el mundo, pero hay que tener paciencia y saber que todo esto cuesta.

EP: Hablando de Latinoamérica… ¿Qué sintió cuando el presidente Hugo Chávez le regaló Las Venas Abiertas a Obama cuando asumió?


EG: Yo no me había enterado y salí a pasear con mi perro Morgan, que pobre murió no hace mucho, mi gran amigo Morgan… y salimos los dos a pasear y escuchamos los gritos de los vecinos… “Eduardo, Eduardo” y Morgan paró las orejas, pensó “ahora nos asaltan”. Tanto cariño de golpe, ¿qué era eso?
Y entonces los elogios que me empezaron a llover me deprimieron muchísimo porque eran todos elogios mercantiles. Me decían “estás vendiendo muchísimo, poné la tele, poné la radio, estás llegando a número dos, estás vendiendo como nunca, qué bárbaro, qué bien” y ahí pensé “ahora viene el mangazo, ahora Morgan preparate” pero por suerte no, hasta ahí no llegaron, pero sí insistieron en felicitarme en lo que no me importa que es vender. A mí no me importa vender mucho, yo no fabrico mercadería, escribo libros, entonces lo que me importa es llegar a los demás. En ese sentido, ese gesto generoso de Chavez significó que mis libros se muevan, no sólo Las Venas, sino otros también, pero fue un gesto simbólico, claramente. El libro se convirtió, con el paso de unos cuantos años, no creas que fue fácil, en un símbolo de la otra historia, de la otra realidad, de la otra voz, de la otra manera de ver las cosas. Y en ese sentido fue que Chávez lo regaló. Yo preferiría que le hubiese regalado la edición en inglés, pero se lo regaló en español que es una lengua que Obama no maneja. Pero el gesto fue lindo, muy simbólico.

EP: Además, si el contenido que tiene el libro llegó a gente que no lo conocía es un mensaje muy valioso


EG: En realidad yo hubiese preferido que ahora el libro esté en un museo de arqueología. Pero lamentablemente, la realidad no cambió en lo fundamental. Seguimos viviendo en un mercado mundial y de las necesidades ajenas, por eso el libro no perdió actualidad. Lo que yo hubiese querido es que la perdiera rápidamente, pero no ocurrió. Entonces, de algún modo, el éxito del libro genera el fracaso nuestro.  Igual, el libro cubre una función que va más allá del momento en el que fue escrito, de la realidad actual. Lo que intenta explicar es cómo el subdesarrollo es un resultado del desarrollo ajeno, cómo en el mundo no hay ninguna riqueza que sea inocente. Es decir, sobre eso, no pierde actualidad.

domingo, 31 de octubre de 2010

Miguel Gutiérrez reedita libro La violencia del tiempo con fragmentos inéditos


  • Lima, 29 de octubre de 2010

  • Tras dos décadas el escritor Miguel Gutiérrez reedita su libro La violencia del tiempo con fragmentos inéditos, hecho que le ha transportado a los recuerdos y cuya revisión le causo asombro.

    ¿Cómo se siente con la publicación de La violencia del tiempo casi veinte años después?
    - Obviamente, me siento feliz porque las dos ediciones anteriores de mi novela estaban completamente agotadas. Pero sobre todo volver al texto después de tantos años me llenó de asombro y de recuerdos. Me he sentido transportado a los nueve años que duró su gestación y escritura en que el país pasaba por un momento terriblemente crítico de su historia. De modo que la escritura de mi libro se erigió en fortaleza de resistencia a los furores del tiempo en que murió gente de todas las trincheras, entre las que se encontraban seres caros a mi vida. Y además he sentido asombro al tomar conciencia por los poderes de la palabra y la imaginación que en esos años generosamente me concedió la vida.

    ¿Qué novedades trae esta tercera edición?- En primer lugar, por primera vez La violencia del tiempo sale en un solo tomo acentuando su carácter de novela unitaria y única. Y lo que es más importante aún es que se ha restablecido el texto original mecanografiado. Como yo me hallaba casi jaqueado por las circunstancias, no pude participar en el proceso de corrección. Mi desaparecido amigo Carlos Milla Batres hizo lo que pudo al trabajar con unos originales que le faltaban las últimas correcciones y añadidos. Se ha restablecido la estructura de los capítulos y de los títulos de algunos de ellos. Y también se ha restituido un texto que mi editor se vio obligado a censurar ante la posibilidad de que se tome como lesivo a la memoria de un héroe de nuestra patria.

    ¿Cómo caracterizaría a esta novela como estructura artística?- En uno de sus niveles es una novela de aprendizaje. Entre otras búsquedas para superar su conciencia infeliz Martín Villar (protagonista de la novela) decide escribir una novela sobre su linaje. Así inicia un aprendizaje de la escritura novelística. Y joven y pedante como es se propone una meta que lo supera: escribir una novela summa.

    ¿Qué significa este concepto?- Una novela en que cristalice toda la tradición de la novela como género. Por eso se alude a los clásicos antiguos y a los grandes maestros de la novela, como Dostowieski, Tolstoy, Proust, Joyce, Faulkner. Asimismo hay ecos (a veces en tono paródico) de los grandes de la narrativa latinoamericana: Carpentier, Asturias, Borges, Guimaraes Rosa, Onetti, Rulfo... Y están presentes también nuestros clásicos como Alegría y Arguedas.

    ¿Cuál es la intención del personaje?- El desmesurado Martín se propone componer una estructura narrativa con tópicos del realismo crítico, del realismo social, de la novela regionalista e indigenista, pero como un lenguaje moderno. Pretende escribir un libro que sea realista y metarrealista, épico y lúdico, serio, grave, pero también irreverente y jocoso. Como podrás advertirlo, por esos años Martín Villar estaba completamente loco.

lunes, 25 de octubre de 2010

García Márquez tiene la palabra

ENTREVISTA

'Yo no vengo a decir un discurso' reúne seis décadas de intervenciones del nobel - La obra traza un recorrido por la literatura, el cine, la política y América Latina
Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS - Madrid 
20 de octubre de 2010
El País de España

Gabriel García Márquez pronunció su primer discurso con 17 años; el último, por ahora, con 80. Uno tuvo lugar en 1944 en el Liceo de Varones de Zipaquirá, en el interior de Colombia, donde el futuro escritor cursaba el bachillerato como becario interno. El tema era la amistad y los asistentes se llamaban Henry Sánchez, Augusto Londoño, Humberto Jaimes o Manuel Arenas. El otro tuvo como escenario el monumental Centro de Convenciones de Cartagena de Indias durante la inauguración del IV Congreso de la Lengua. El motivo era una edición de Cien años de soledad con una tirada de un millón de ejemplares, y entre los 1.500 invitados -2.300 policías vigilaban las calles- había nombres como Juan Carlos de Borbón, Sofía de Grecia, Bill Clinton o Álvaro Uribe.

Ni premios ni parlamentos

"Yo no vengo a decir un discurso", dijo García Márquez (Aracataca, 1927) en aquella lejana, e irónica, perorata adolescente, y esa frase es la que ha elegido el escritor para titular la recopilación de 22 discursos y conferencias que Mondadori publicará el próximo día 29.

De la charla en Estocolmo con motivo del Premio Nobel de 1982 a la polémica propuesta de jubilación de la ortografía en otro congreso de la lengua, el de Zacatecas (México) de 1997, el volumen es un repaso por las grandes pasiones del autor de El amor en los tiempos del cólera: el cine, la política, la amistad, América Latina y, por supuesto, la literatura. Muchas de sus primeras intervenciones comienzan, como cuando acude a Venezuela en 1972 para recibir el Premio Rómulo Gallegos, con el reconocimiento de algo irreparable, la rotura de un viejo propósito: "Recibir un premio y decir un discurso".

Escritor a la fuerza

"El oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica". Lo dijo García Márquez en Caracas en 1970, cuando era "feliz e indocumentado", en una conferencia titulada Cómo empecé a escribir. Allí relata que concibió su primer cuento solo por llevarle la contraria a un periodista que afirmaba que en Colombia los jóvenes narradores no tenían nada que decir. La charla, cuenta Cristóbal Pera, responsable de la edición de Yo no vengo a decir un discurso, la rescató del olvido Margarita Márquez, prima del escritor y "archivera" de la familia: "En cuanto Gabo leyó el texto dijo: 'Esto lo he escrito yo, seguro".

Casi 40 años después, ante la ilustre multitud de Cartagena, aquel "artesano insomne" recordaba -"No se trata de una afirmación jactanciosa"- que si los 50 millones de lectores que llevaba Cien años de soledad a la altura de 2007 vivieran "en un mismo pedazo de tierra" conformarían "uno de los 20 países más poblados del mundo".

Soledad de América

En su discurso del Nobel, García Márquez recordó a su maestro Faulkner, a Pablo Neruda y a Thomas Mann, premiados como él, pero sus palabras fueron tan políticas como literarias: "¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social?".

El autor de El general en su laberinto recuerda a lo largo de varios discursos una frase de Simón Bolívar -"Somos un pequeño género humano"- para hablar de América Latina -"Primer productor mundial de imaginación creadora"- y de la integración de su cine y de su literatura. Su preocupación continental pasa por las dictaduras, el narcotráfico y la ecología. También de la educación pública como arma contra la discriminación social: "La pobreza y la injusticia no nos han dejado mucho tiempo para asimilar las lecciones del pasado ni pensar en el futuro".

La culpa fue de Mutis

"Álvaro Mutis y yo habíamos hecho el pacto de no hablar en público el uno del otro, ni bien ni mal, como una vacuna contra la viruela de los elogios mutuos". En 1993, Álvaro Mutis cumplió 70 años y su amigo rompió el pacto. ¿La razón? El creador de Maqroll lo había roto antes. ¿Por qué? "Porque no le gustó el peluquero que le recomendé".

Con excepción de su visita a Suecia, todas las intervenciones de García Márquez destilan un sentido del humor que encuentra su altura máxima en los homenajes a sus amigos. A Mutis, que improvisó con él "a cuatro manos" el brindis que pronunció en el Ayuntamiento de Estocolmo, le afea su "insensibilidad para el bolero", pero le agradece que le pusiera delante un ejemplar de Pedro Páramo, el libro que le enseñó a escribir de otro modo.

En un homenaje póstumo a Julio Cortázar, el autor de Vivir para contarla habla como de "el ser humano más impresionante que he tenido la suerte de conocer". Cristóbal Pera dice que es uno de los textos favoritos del narrador colombiano: "Cada vez que lo relee, se emociona".

Las haches rupestres

Otro de los discursos favoritos del escritor -"Por lo que tiene de travesura"- es el que pronunció en Zacatecas ante una sala repleta de académicos: "Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota...". Seguían los acentos escritos, la be y la uve y otras "osadías y desatinos". José Antonio Pascual, vicedirector de la Real Academia Española, sonríe todavía al recordar aquella "provocación": "Más que antiacadémico, aquello fue un alegato antiacademicista. No me escandalizo. Desde Rubén Darío al menos, es una vieja tradición. Si no provoca, la retórica queda floja, y no te fijas". Pascual trabajó en la edición conmemorativa de Cien años de soledad y recuerda que García Márquez corregía las pruebas "con un impecable sentido de la norma".
El Gabo que viene
Cristóbal Pera, responsable de Mondadori en México, ha trabajado durante un año y medio con Gabriel García Márquez en Yo no vengo a decir un discurso. Según el editor, la revisión de los textos se centró en limpiarlos de erratas y, sobre todo, en ponerle título a los que no los tenían. Por lo demás, el escritor no añadió una coma. Ni siquiera a las palabras escritas con 17 años, que gastan ya la misma ironía que Una naturaleza distinta en un mundo distinto al nuestro, una conferencia ante un auditorio de militares -"lo más raro que he hecho en mi vida"-, a los que deja una frase: "Creo que las vidas de todos nosotros serían mejores si cada uno de ustedes llevara siempre un libro en su morral". ¿Y qué hace ahora García Márquez? Preparar una antología de sus artículos periodísticos, cuenta Pera. Y corregir una y otra vez En agosto nos vemos, una novela de "hace algunos años" que no tiene fecha de publicación: "Gabo no acaba de estar contento. Dice que hay un personaje que todavía no le convence". El de escritor es el único oficio que se hace más difícil cuanto más se practica. Son sus propias palabras.

domingo, 3 de octubre de 2010

Styron: novela, historia y presente

17 de septiembre de 2008

Una evocación de la obra del novelista William Styron nos conduce a una reflexión sobre el racismo en EE.UU. y la candidatura de Barack Obama.
Autor: José Miguel Oviedo
Si no hubiese leído un artículo de Jess Row en el Book Review del New York Times, no habría recordado que se cumplen ahora los cuarenta años de la publicación de la novela The Confessioms of Nat Turner, de William Styron (1925-2006). Lo que sí recuerdo con bastante claridad es la enorme impresión que el libro me produjo cuando lo leí en la edición castellana aparecida en Barcelona muy poco después; incluso conservo viva en la memoria la imagen del famoso fotógrafo Richard Avedon en la carátula: el retrato de un viejo esclavo negro, cuyo rostro sudoroso y surcado por profundas arrugas era una especie de mapa de una historia dolorosa y trágica.

Se considera, con mucha razón, que esta es la primera gran novela del autor, y que puso definitivamente su nombre entre los más importantes escritores norteamericanos y entre los mejores herederos de la rica tradición literaria sureña, cuyo indiscutible padre es William Faulkner.

La obra se presentaba, a la vez, como un documento, una autobiografía y una composición ficticia. Luego, ese modelo se haría popular bajo el membrete de 'faction’ (fact/fiction) en Estados Unidos y, posteriormente, en América Latina.

Styron investigó exhaustivamente los hechos para establecer el trasfondo de su historia y el ambiente donde vivió o debió vivir un esclavo negro a comienzos del siglo XIX. Pero, operando siempre como un novelista, se apartó bastante del Turner documental (cuyas 'confesiones’ a un abogado de oficio antes de ser ejecutado lo presentaban como un simple tipo raro) e hizo de él un conmovedor ser humano, más real que el otro.

La verdadera hazaña literaria del autor, un sureño blanco, fue asumir la voz de su personaje negro, con sus modismos e inflexiones y, sobre todo, con la perspectiva sin esperanzas de un hombre condenado a vivir y morir en el infierno de las plantaciones de sus amos.

En esta novela, Styron descubrió el poder de la fusión artística de una historia particular y la gran Historia que la enmarca; es decir, la posibilidad de crear personajes insertados en contextos objetivos que son parte de la experiencia cultural común a los lectores. Varios años después, Styron volvería a intentar esa fusión a gran escala –evocando tiempos y espacios completamente distintos– en su última obra maestra: Sophie’s Choice (1979), cuyo terrible tema es el de los campos de exterminio nazi. El novelista trata de reflexionar sobre esa incomprensible aberración de la mente humana que condujo a la brutal muerte de millones de judíos.

La monstruosa maquinaria del odio –que, como la esclavitud, se basa en la superioridad de una raza sobre otra– está admirablemente sintetizada en la escena que da la explicación del título: Sophie, una judía polaca que ha ido a parar a un campo de concentración con sus dos pequeños hijos, es obligada por un oficial nazi a elegir la salvación de solo uno de ellos, condenando así al otro a una muerte segura. Es una escena memorable y desgarradora.

En varios sentidos, la miserable y anónima vida de Nat Turner es un símbolo de la tragedia de un país como Estados Unidos, que ha sido, a lo largo de su historia, una sociedad con valores democráticos, un imperio expansionista y una sociedad carcomida por el cáncer de la discriminación racial. No es exagerado decir que, hasta hace solo medio siglo, Estados Unidos era un apartheid apenas menos repudiable que el de Sudáfrica, pues incluía, sobre todo en el Sur, la segregación en escuelas, universidades, restaurantes y otros lugares públicos, sin olvidar la presencia tolerada de organizaciones como el Ku-Klux-Klan.

Recuerdo siempre el testimonio de la famosa cantante de jazz Sarah Vaughan, quien era aplaudida en elegantes clubes nocturnos, pero que no podía usar los baños reservados para el público blanco, odiosa hipocresía que la gran mayoría de gente aceptaba.

Era un país distinto al de ahora, lo que no quiere decir que la discriminación racial haya desaparecido del todo (ahora se ha trasladado a los inmigrantes latinos), pero sí que hay al menos un sistema legal que protege a la población negra.

El artículo de Jess Row –al que hice referencia al comienzo– hace un útil repaso de las circunstancias en las cuales The Confessions... apareció: eran tiempos turbulentos conmocionados por las masivas protestas contra la Guerra de Vietnam, los movimientos de abierta rebeldía de los negros (algunos violentos, como los Black Panthers), las revueltas universitarias y callejeras tras el asesinato de Martin Luther King Jr., la histórica Convención Demócrata en Chicago –de la que Norman Mailer, otro gran escritor de 'factions’, ofrecería un apasionado testimonio–, etc.

El reconocimiento de los derechos civiles de la comunidad negra es el mayor fruto del activismo social y político de esa época, donde obras como las de Styron cumplieron un papel decisivo.

Un buen ejemplo para mostrar el profundo cambio que en medio siglo ha transformado al país es señalar que ha ocurrido algo antes impensable: un hombre de piel oscura llamado Barack Hussein Obama, de padre keniano y nacido en la isla de Hawái, es el candidato oficial del Partido Demócrata a la presidencia de la nación.

Gane o pierda, ya hizo historia: es el primer político afroamericano (uso el término en su sentido literal, no como el eufemismo ahora tan aceptado) con una opción real de llegar a la Casa Blanca. Las consecuencias de eso las veremos en menos de dos meses. 

lunes, 19 de julio de 2010

Umberto Eco: "Desgraciadamente, el futuro de Europa será Italia"


VICENTE VERDÚ
25/04/2010

El País de España

La figura de Umberto Eco es tanto mayor cuanto más tiempo pasa. Y no sólo en sentido intelectual, sino que su cuerpo se ha multiplicado casi por dos, y hasta su peso, su apostura y su firmeza.

Posee casi todos los atributos de las personas amables que nunca se olvidan y una conversación que mueve a la alegría y la risa con frecuencia. Con 38 honoris causa en su haber, confiesa que a menudo debe renunciar a la aceptación de otro más, en parte porque ya conoce de sobra la ceremonia, el laudatio y todos esos inconvenientes de la reverencia universitaria, pero también porque ¿para qué realizar fatigosos viajes que ni le ponen ni le quitan nada?

Pero hay excepciones. Y una fue Sevilla hace un par de meses. De siempre, dice, quiso conocer esta importante ciudad, y la cita que tenía concertada con la Universidad para el pasado noviembre coincidió, dice, "con que cogí una bronquitis tremenda, con mucha fiebre, y no pude viajar".

"Mi mujer también quedó muy frustrada con aquella circunstancia y ahora, que retrasaron amablemente el acto, es ella la que no ha podido acudir. Pero volveremos. Sevilla es una ciudad maravillosa que siempre deseamos conocer".

¿Cuántos libros ha publicado Umberto Eco? Casi un sinfín entre ensayos y novelas. Desde su primer trabajo sobre santo Tomás de Aquino (El problema estético en santo Tomás de Aquino en 1956) hasta su última narración: La misteriosa llama de la reina Loana (2004).

Nació en Alessandria, una ciudad italiana del Piamonte, el 5 de enero de 1932, y con sus 78 años impresiona el vigor mental y la arrolladora fuerza vital que imprime a sus respuestas, a sus críticas, sus reflexiones y sus ademanes. Lleva un sombrero que le otorga un carácter entre antiguo e intrigante inspector y se apoya en un bastón que, ateniéndonos a su brío, bien podría partir en la cabeza de un enemigo o de un tonto.

La diversidad de sus trabajos, en la televisión, en las editoriales o en la universidad, y la capacidad mental para obtener oportunamente los puestos académicos a que aspiraba han contribuido a enriquecer su sabiduría, pero acaso fue, al revés, su extraordinaria condición de sabio la que ha inspirado una obra tan universal, conocida en medio centenar de idiomas y multiplicada por millones de ejemplares.

Empezando por el principio… ¿Que cómo empecé la experiencia intelectual de mi vida? Pues mire, entré enseguida a trabajar, tras terminar en la universidad, en la televisión cuando la televisión estaba empezando, allá por 1954.

¿Y qué hacía en la televisión? Era un funcionario en las oficinas, no salía en la pantalla, pero fue una experiencia enorme. Entonces se hacía todo en directo, así que podía ocurrir que también nosotros, los funcionarios, tuviéramos que ayudar si algo no funcionaba. Yo tenía entonces 22 años. Me acababa de licenciar en la Universidad de Turín y por un milagro me presenté a una oposición de televisión y la gané junto a otras personas.

¿En Turín? No, en Milán. Lo gané junto a otras personas también bastante conocidas: una fue Gianni Vattimo, el filósofo, y la otra, Giulio Colombo, que ha sido director de L'Unità, etcétera. Y esto determinó, sin duda, mi interés por los problemas de la comunicación.

¿Su licenciatura en qué había sido? Sobre la estética medieval, algo completamente distinto. La televisión fue una experiencia muy importante para mí. No hice nada interesante, pero vi montones de cosas, porque la televisión en aquella época era un lugar en el que uno, al pasar por un pasillo, se podía encontrar a Ígor Stravinski o a Bertolt Brecht. A mí me ocurrió. Todo pasaba por allí... Después lo tuve que dejar, porque sólo observaba lo que pasaba, pero no hacía nada interesante y me fui a trabajar a la editorial Bompiani, que sigue siendo mi editor. Entre tanto, continuaba mis estudios y mis investigaciones, obtuve varios títulos universitarios, empecé a trabajar en editoriales y comencé a dar clases en la universidad, así que en 1975, cuando conseguí la plaza definitiva en Bolonia, dejé lo que estaba haciendo.

¿Y entonces se casó usted? Usted quiere saberlo todo. Verá: lo primero que hice antes en la editorial, donde luego dirigí las colecciones de filosofía, fue un gran libro ilustrado, La historia de las invenciones, que había que paginar… No sé si usted ha visto mis dos últimas diversiones, la Historia de la belleza y la Historia de la fealdad. Pues bien, resulta que al final de mi vida me he puesto a hacer lo mismo, libros ilustrados.

Había allí un gran diseñador gráfico, Bruno Munari, que era uno de los más importantes diseñadores italianos del siglo. Un día llevó a un ayudante que vino a ser una diseñadora alemana que estudiaba historia del arte y, así, accidentalmente nos casamos. Lleva cincuenta años en Italia, pero continúa siendo alemana.

¿Y tuvo hijos? El año 1962 fue muy importante en mi vida, porque me casé, engendré a mi primer hijo, que nació al año siguiente, publiqué el libro que me dio más fama en esa época, Obra abierta, y murió mi padre. Así que de pronto me convertí en adulto, era yo el padre.

¿Estaba usted muy unido a su padre? Sí.

¿Su padre, qué era? Un empleado en una empresa privada. Sí, teníamos una buena relación.

¿Y cuántos hermanos eran ustedes? Yo tengo una hermana. Y luego tuve dos hijos: un hijo y una hija. Mi hijo ha trabajado durante 12 años en Nueva York, en el mundo editorial. Ahora trabaja en la oficina de prensa de RBS en Roma y mi hija es arquitecta. Eso es todo. Ah, y tengo dos nietecitos, de nueve años y medio y de uno y medio.

¿Que le gustan mucho? Ser abuelo es un trabajo maravilloso. Porque se tienen todos los placeres y las ventajas y ninguna responsabilidad.

Claro que sí. Publica, pues, 'Obra abierta', triunfa internacionalmente y después llega su otra gran obra de referencia, 'Apocalípticos e integrados', en la sociedad de masas. Apocalípticos e integrados quizá sea mi libro de ensayos más conocido en el mundo español, España e Hispanoamérica, no sé por qué. En realidad no era un proyecto. Como le he dicho, me interesaban los problemas de la comunicación de masas, la televisión, etcétera, y escribía ensayos en alguna revista. De repente convocaron la primera oposición para una cátedra de comunicación, oposición que no la ganó nadie porque en esa época no había una definición de lo que fuera comunicación de masas. Se presentó la gente más diversa: un sociólogo, un psicólogo, un historiador… Así que el tribunal ya no sabía bien lo que era un comunicador. Pero como para toda oposición hay que tener publicaciones, reuní todos esos ensayos de revista, que por casualidad se convirtieron en Apocalípticos e integrados. Y hay que decir que me ayudó mi editor, Valentino Bompiani, uno de los más célebres editores italianos junto con Mondadori. Como aquí Carlos Barral, personajes ya históricos.

Bompiani era más viejo y tenía una excepcional dote para inventar títulos. Por ejemplo, en el caso de Obra abierta, yo tenía entonces que hacer un libro para Einaudi, que me había pedido Calvino. Pero Bompiani me dijo: "¿Por qué no reúnes estos ensayos que ya tienes publicados?". "Yo tengo que escribir un libro para Einaudi", le dije. "¿Y cuándo lo harás?". "Necesito todavía cinco o seis años". Y atajó: "Mientras tanto, ¿por qué no reúnes estos ensayos desperdigados y los publicamos aquí?". No me gustaba publicar en la editorial en la que trabajaba, porque me parecía algo como de familia, pero ya que me lo pedía él… "¿Cómo lo titulo? ¿Forma e indeterminación de las poéticas contemporáneas?". "Está usted loco".

Cuando ya reuní la colección de ensayos para Apocalípticos e integrados, me volvió a preguntar: "¿Cómo lo titula?". "Problemáticas de la comunicación de masas". "Está usted loco". Se fue a mirar el último ensayo, cortísimo, de tres páginas, que se titulaba Apocalípticos e integrados, y declaró: "El libro se titula así". Le dije: "Tenga en cuenta que no tiene que ver con los otros ensayos, habría que explicarlo". "Pues escribes una nueva introducción y lo explicas". Y escribí una introducción de 40 páginas que cambió todo el libro y lo convirtió en Apocalípticos e integrados.

¿Y no le parece que ahora estamos en una fase igual, de 'Apocalípticos e integrados'? Un corte entre quienes defienden los valores perdidos y deploran el presente como una degeneración cultural y moral. Sí, eso mismo era un debate típico de aquella época en la que los filósofos, los intelectuales, todavía no conseguían comprender el mundo tecnológico de la comunicación, así que existía esta división entre los que hacían comunicación de masas y, digamos, los aristócratas intelectuales, que no la entendían. Pero hoy es distinto, porque los más aristócratas de los intelectuales entienden perfectamente estos problemas, usan Internet… Es, en todo caso, no una crítica desde fuera, sino desde dentro, de intelectuales que usan medios de masas, ven la televisión, usan el ordenador y pueden a la vez criticarlo. Así que me resultaría muy difícil decir hoy: "Usted es apocalíptico o usted es integrado".

Pero esa queja de que ya la gente no se relaciona personalmente debido a la omnipresencia de Internet… Esa es la crítica que hacemos todos. Pero antes los apocalípticos eran los que criticaban y rechazaban. Hoy son los que critican, pero a la vez usan estas cosas, así que es un discurso interno: yo soy muy crítico con Wikipedia, porque contiene noticias falsas. Las hay también sobre mí, falsas y no falsas, pero utilizo Wikipedia, porque si no, no podría trabajar. Mientras escribo, por ejemplo, Tirso de Molina y no me acuerdo de cuándo nació, voy a Wikipedia y lo miro, en cambio antes tenía que coger la enciclopedia y tardaba media hora. Antes los apocalípticos no usaban estas cosas: escribían a mano con la pluma de ganso.

¿Y usted cree sobre sí mismo que ha tenido una percepción especialmente acertada de la sucesivas situaciones culturales? Mire, el profesor Vázquez da mañana un discurso sobre mí, y dice que he sido de los que han intentado comprender y criticar el momento en que vivimos. Formo parte de una generación para la que el presente era el ambiente natural: viajábamos en avión, en coche, veíamos televisión, mientras que toda una generación anterior veía la cultura como rechazo del presente. Se encerraban en su torre de marfil y no querían saber nada de lo que ocurría. Yo pertenezco a una generación que ha pensado que el intelectual tiene que hallarse comprometido con el presente y, por tanto, con todos sus aspectos. Tenemos respecto al presente, nosotros los jóvenes que no tenemos más que ochenta años, una actitud diferente de la de nuestros padres o de la de nuestros maestros.

¿Ha echado de menos algo en su trayectoria profesional? ¿Habría querido hacer otra cosa en algún momento? Yo creo que mi generación ha sido muy afortunada, porque llegamos con 13 o 14 años al final de la guerra, nuestros hermanos mayores murieron o no pudieron acabar los estudios. Nosotros llegamos mientras había una expansión económica. Hemos tenido todo. Mi hijo y también los estudiantes más jóvenes no han tenido todas estas posibilidades. Nosotros hemos sido una generación que debería avergonzarse de lo afortunada que ha sido: nos han dado todas las posibilidades. Yo no puedo quejarme de nada; si acaso, de haber aprovechado mal todas estas posibilidades. Los que tenían diez años más que nosotros, o murieron o tuvieron una vida muy difícil. Esto explica también la tremenda paradoja por la que mi generación sigue estando en el poder: tendríamos que estar en el hospicio de los pobres ancianos, deberían estar en el poder los que tienen 30 o como mucho 40 años. Y no es que queramos estar en el poder, es que nos lo piden y estamos obligados… Estar en el poder no quiere decir ser jefe del Gobierno, sino director de la colección, director de la revista, de la editorial… Estamos condenados a quedarnos en el poder porque las generaciones siguientes no han tenido las oportunidades que nosotros hemos tenido.

Ahora ya serían casi dos generaciones las que han pasado en blanco. Unos son los estudiantes del 68. Un momento muy difícil. Y los de después, peor todavía. Naturalmente, tengo estudiantes de 30 años que son buenísimos, son unos genios, pero el porcentaje es bajo. Nosotros, en un 80% hemos ocupado todos los espacios; estos los ocupan en un 30%. Produce una gran melancolía.

La sensación un poco de mala conciencia, también. Nosotros deberíamos estar tumbados en una hamaca leyendo y dando buenos consejos.

¿Y cómo encuentra Italia actualmente con Berlusconi en el centro de todo? Antes se decía que el futuro de Europa sería Estados Unidos. Hoy, desgraciadamente, el futuro de Europa será Italia. La Italia de Berlusconi anuncia situaciones análogas en muchos otros países europeos: donde la democracia entra en crisis, el poder acaba en las manos de quien controla los medios de comunicación. Así es que no se preocupen por nosotros, preocúpense por ustedes mismos.

¿Y tiene usted alguna esperanza de que Internet sea una contribución democrática a la crisis democrática actual? Siempre digo que la televisión es buena para los pobres y mala para los ricos. Es decir, la televisión ha enseñado a todos los italianos a hablar italiano, los que no tenían escuelas aprendieron por televisión dónde estaba India… En cambio, los que tenían escuelas, al ver la televisión se vuelven más estúpidos, así que la televisión es buena para los pobres y mala para los ricos. Pero no ricos en sentido económico, nosotros somos los ricos. Y lo mismo ocurre con Internet: en ciertos países, como China, es un instrumento fundamental para poder pasar informaciones y noticias que de otro modo no llegarían. En otros países donde estas noticias pueden llegar, puede ser una forma de encerrar a los jóvenes en una soledad totalmente virtual, fuera de la realidad. Pero Internet no es una sola cosa, es muchas cosas. Es como un libro: ¿un libro es bueno o malo? Si pone Mein Kampf es malo, si pone La Biblia es bueno. Y lo mismo Internet: es un instrumento que en muchos casos ha cambiado nuestra vida, nuestra capacidad de documentación, de comunicación, etcétera. Y en otros casos se presta a difundir noticias falsas. Uno nunca sabe si lo que le llega a través de Internet es verdadero o falso. Esto no ocurre con los periódicos o con los libros, porque más o menos uno sabe que El País es algo distinto a Abc, que Le Figaro es algo distinto a Libération. Y según el periódico que compra, sabe cuál es la posición del periódico, y se fía o no se fía. Y lo mismo los libros: si uno ve que un libro es de Mondadori o de Columbia University, se piensa que alguien quizá ha elegido este libro y ha impedido que se publicaran otras cosas, pero si ve un editor extraño, no puede saberse nada de antemano. Con Internet no se sabe nunca quién habla.

¿Y no pasará eso en Internet también, que habrá marcas, o editoriales, lugares de confianza? No, porque cualquiera puede conectarse: yo, usted o un señor X que está loco, mientras que este señor X no puede montar una editorial o un periódico, necesita gentes que le apoyen. Hay filtros sociales: antes de que alguien haga un periódico están los que le dan dinero, los periodistas… Hay filtros: a través del que le da el dinero, de los periodistas, sabemos que es fascista, o comunista… En cambio, con Internet, el señor Fulano no se sabe quién es. Usted y yo, que somos personas de cierta cultura, podemos darnos cuenta muchas veces de si el que hace el sitio de Internet está loco o no, pero si es un sitio sobre física nuclear, usted no se da cuenta, y yo tampoco. Así que imagine a los jóvenes que utilizan Internet en la escuela y pueden encontrar un sitio racista, un sitio negacionista… Y no saben hasta qué punto creerlo o no.

¿Y qué piensa de esta oleada que proclama la bondad del saber de las muchedumbres, las fuentes abiertas, el pensamiento compuesto por los muchos que acuden a la Red? Ya se lo he dicho: Internet es como los libros, puede haber libros buenos y malos. Por ejemplo: en política, hoy, en Italia, con una crisis de los partidos, se están creando zonas que en italiano se llaman de sociedad civil, que se manifiestan, pero que no son de un partido. Todos estos se comunican a través de Internet, y pueden reunir a 300.000 personas. En este sentido, Internet se convierte en un instrumento muy importante de libertad. De igual modo, un joven, desde su casa, va a dar con un sitio en el que le dicen que el Holocausto nunca tuvo lugar, o con un sitio pornográfico. El último artículo que he escrito dice: "Busquemos en Internet a Padre Pío"; reflejaba los 1.400.000 sitios en que aparecía este nombre. Busquemos a Jesús: 3.500.000. Busquemos porno: 130.000.000. Porno gana por 100 veces a Jesucristo. ¿Qué hacemos frente a esta inmensidad de mensajes? Por un lado, Internet puede ser un instrumento de liberación para los jóvenes chinos que consiguen decir cosas que el régimen impide que se digan, pero del mismo modo puede estar corrompiendo por la abundancia de mensajes sexuales que les llegan. Antes, el político medio entendía el sexo como un momento de descanso: cuando había ganado la batalla de Austerlitz… ¿Pero con quién practicaba el sexo? Con la condesa Castiglione, con Sarah Bernhardt, con mujeres que valían la pena. Ahora estos políticos no lo entienden como un descanso después del trabajo, sino como lugar del trabajo, y se conforman con putillas.

Piense en la historia de los sacerdotes: antes el sacerdote vivía en la rectoría y sólo veía al ama de llaves, fea y con bigote, y leía L'Osservatore Romano. Ahora ve la televisión todas las tardes y ve senos, culos, y luego decimos que se convierte en pedófilo. El pobre diablo tiene ante sí una serie de provocaciones. El pobrecillo tiene que ver todas las noches en la televisión pública cosas que antes… Y lo mismo ocurre en el mundo político: es toda una degeneración. Y lo mismo Internet: son los que ven los 130.000.000 de sitios pornográficos en lugar de los 3.000.000 de sitios sobre Jesús.

Quizá en este ascenso de los movimientos sociales que hemos dicho se esté fraguando el germen de una democracia distinta, porque ¿cómo seguir soportando la idea de que un Gobierno sea elegido para cuatro años y que durante esos cuatro años no se les pueda despedir, tal como si hubieran sacado una plaza de funcionarios? Desde luego no hemos reflexionado lo suficiente sobre el hecho de que hemos llegado al final de la democracia representativa. Cuando en Estados Unidos vota sólo el 50% de los ciudadanos, y uno debe elegir entre dos candidatos, es elegido con el 25%. Candidatos que no son elegidos por el pueblo, sino por la organización interna. ¿A quién representa este candidato? ¿A cuántos ciudadanos representa? ¿Cuál es la diferencia con el sistema soviético, en el que el Sóviet Supremo elegía tres candidatos, luego discutían y elegían a uno? Que en Estados Unidos existe el control de la sociedad civil, los lobbies, las organizaciones culturales y religiosas, industriales, hay una serie de poderes que controla el poder central, y que en la Rusia estalinista no existía. Pero no es una democracia representativa. Estamos llegando a una crisis trágica de la democracia: seguimos simulando que existe la democracia representativa y que soy yo, el ciudadano, el que elige a mis representantes, pero no es cierto. El nacimiento de estos movimientos sociales fuera de los partidos, que en Italia se llaman los Violetas y se reúnen vía Internet, pueden ser el futuro, o la corrección de una democracia representativa en crisis. Así que yo no soy de los que dicen que se cierre Internet. Habrá que ver qué pasa. Igual que Italia fue el laboratorio del fascismo, que luego copió España, en este momento es el laboratorio del berlusconismo, y habrá que ver qué pasa.

¿Y cómo definiría el berlusconismo, que según usted será el destino de Europa? Es un peronismo europeo, aunque no ha llevado al Gobierno a una actriz.

¿Prepara ahora un ensayo o una novela? Una novela, pero yo no hablo nunca de mis novelas. Como El péndulo de Foucault me llevó ocho años, la última novela me llevará otros tantos contando desde la aparición de La misteriosa llama de la reina Loana, en 2004.

¿Y cómo es que escogió la novela? Le iba bien con el ensayo, ¿cuál fue la razón que le llevó a escribir 'El nombre de la rosa'? Es una pregunta que muchos me han hecho, y no tengo una respuesta, así que he dado diez respuestas distintas y todas verdaderas. Uno: porque me apetecía. ¿Por qué haces el amor con esa mujer? Porque te apetece. Sin más explicaciones. Dos: porque siempre me ha gustado narrar, solo que le contaba historias a mis hijos, y cuando crecieron se las conté a algún otro. Porque siempre he contado historias. También mis ensayos son narrativos. Porque en 1975 conseguí la cátedra y no podía desear nada más en la vida. Tenía la cátedra, mis libros se traducían a varias lenguas, y ¿qué hago ahora? Entonces se me ocurrió responder a un nuevo desafío, hacer algo nuevo. Porque un día vino a verme una amiga y me dijo que estaba preparando una colección de novelas policiacas escritas por no narradores: se lo estaba pidiendo a políticos, sociólogos… Todos libros de cien páginas. Yo le dije que no, que no podía escribir un libro policiaco; en primer lugar porque no sé escribir los diálogos; además, si tuviera que escribir un libro sería una locura medieval y tendría 500 páginas. Llegué a casa y empecé a redactar una lista de nombres.

La otra respuesta es que tenía casi 50 años. A los 50, los señores dejan plantada a la mujer y se fugan con una bailarina. Yo, en cambio, escribí una novela: menos dispendioso y menos pecaminoso. Las razones son infinitas y ninguna. La única es esta: mire la línea de mi vida, llega hasta aquí, se para y vuelve a empezar. ¿Qué quiere decir esto? Que aquí tuve un accidente, perdí la memoria y empecé una nueva existencia; o que aquí dejé de ser sólo un profesor y empecé a ser un novelista, a ganar más dinero, y mi vida cambió.

¿Y con qué ha recibido más satisfacciones, con las novelas o con los ensayos? No lo sé. Obviamente, mis ensayos vendían 10.000 copias, y las novelas, 1.000.000. Pago más impuestos escribiendo novelas que escribiendo ensayos, pero la satisfacción… No lo sé, ahora se publican muchos libros sobre mí. Algunos, sobre mi actividad narrativa, y otros, sobre mí. Algunos me hacen enfadar, porque parece que no han entendido nada; pero no sé si me producen más placer los unos o los otros.

¿Y en Italia se encuentra bien como intelectual? ¿Se considera altamente respetado? Bueno, no me lanzan huevos cuando hablo… pero me aprecian mucho más en Francia, Alemania, Estados Unidos o España que en Italia. Esto es obvio, normal. Los franceses, por ejemplo, se creen que culturalmente son los mejores del mundo y en cuanto alguien les gusta deciden que es francés. Han decidido que Leonardo es francés, Modigliani es francés, Picasso es francés, y a mí me consideran francés. Y debo decir que en Francia gozo de una popularidad conmovedora, también porque el primer país extranjero al que fui, con 20 años, fue Francia. Me enamoré de París y me ocurre un fenómeno extraño: si estoy en Milán, en el tren, y alguien me dice: "Mira, Umberto Eco", me fastidia un poco, porque preferiría estar tranquilo, solo. Cuando esto me pasa en la plaza de la Sorbona, soy feliz.

¿Ha vivido en Francia? Tengo una casa en París y voy de vez en cuando. No he vivido nunca más de un mes o dos. Yo creo que por lo menos la mitad de los franceses creen que soy francés.

¿Y cómo se encuentra de salud? ¿También le interesa esto? Me duele la rodilla y tengo hiperglucemia.

¿Se cuida? Sí, bebo sólo whisky, que no tiene azúcar. El doctor dice que es peor que beba, pero no tiene azúcar.

¿Y desde cuándo lleva bastón? Desde hace un año, para la rodilla. Tengo un dolor en el menisco por la pérdida del cartílago. Yo digo: Delenda cartilago, ¿Comprende? Como Delenda Cartago. Pero toda mi vida, mi sueño fue andar con un bastón. Así que ahora tengo cuatro bastones: uno del XIX, este napolitano y dos más. Estoy encantado de llevar bastón: los coches se paran; si se te cae algo al suelo, te lo recogen. Yo pensaba siempre, cuando era joven, que me gustaría salir de casa e ir hasta el bar con un bastón y que en la puerta de todas las tiendas la gente me saludara y me dijera: "¿Cómo está, profesor?". Es maravilloso.

¿No ha hecho deporte? Sólo natación.

¿Pero le ha gustado el fútbol? No, no. Caminar, siempre. En Nueva York me hacía 60 manzanas. Ahora no. Ahora paso tres meses al año nadando. De los demás deportes, nada. Odio a los deportistas, espero que se maten todos entre sí.

¿Pero el fútbol, hablando de asuntos de masas, nunca le ha interesado? No, no. En mi juventud fui campeón de auto-gol. Tengo los pies planos. Mis compañeros de clases jugaban el partido y yo preparaba los carteles, pero no participaba. Y muchos que han hecho deporte se han muerto diez años antes que yo.

¿Y pintaba? Dibujos. Por diversión. Y toqué también la flauta, pero ahora me duelen los pulgares. Por lo demás, nada.

Bueno, tiene muchas satisfacciones más. Los nietos.



La lección del profesor

“Dejé de ser sólo un profesor, empecé a ser un novelista, a ganar más dinero, y mi vida cambió”. Umberto Eco (Alessandria, Piamonte, 1932) recuerda así su tránsito hasta convertirse en autor de ‘best sellers’ como ‘El nombre de la rosa’. El prestigioso semiótico, ensayista y crítico literario mantiene todo su vigor mental a los 78 años. “El intelectual tiene que hallarse comprometido con el presente. Nosotros los jóvenes, que no tenemos más que ochenta años, tenemos respecto al presente una actitud diferente a la de nuestros padres o a la de nuestros maestros”. Ha publicado numerosas obras entre ensayos y novelas. Atesora una colección de 38 doctorados honoris causa que recientemente ha vuelto a crecer en la Universidad de Sevilla. “Me aprecian más en Francia, Alemania, Estados Unidos o España que en Italia”.