lunes, 21 de junio de 2010

José Saramago nos dijo adiós


EN COMPAÑÍA DE SU FAMILIA, AYER POR LA MAÑANA FALLECIÓ EL PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1998. FUE NOVELISTA, POETA Y PERIODISTA, PERO ANTE TODO FUE UN SER HUMANO PREOCUPADO Y COMPROMETIDO CON LAS INJUSTICIAS COMETIDAS EN EL MUNDO

El Comercio
Sábado 19 de Junio del 2010

MADRID [EL COMERCIO/AGENCIAS]. Antes de que los ministros y altos representantes de Cultura de los países de habla portuguesa Angola, Brasil, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Portugal, Mozambique, San Tomé y Príncipe y Timor-Oriental dedicaran en Sintra (afueras de Lisboa) un minuto de silencio en su honor; antes de que la editorial italiana que se negó a publicar su libro nacido de su blog, “El cuaderno”, expresara su dolor “después de tantos años de fantasías compartidas”; antes de que el poeta Gonzalo Rojas dijera que lo veía “como un muchacho” en plena ebullición creativa; antes de que Eduardo Galeano señalara que “era un hombre que estaba siempre al lado de los perdedores, que seguirá siendo una voz entrañable y “extrañable””; antes de que el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, destacara su conciencia crítica; antes de que en el Perú y en el mundo se recuerde su obra y su nombre y sus acciones y se lo llore; antes de que ocurra todo eso, José Saramago había pasado una noche tranquila en su casa de la isla canaria de Lanzarote.

Sin embargo, tras desayunar, las cosas empezaron a cambiar: el premio Nobel de Literatura 1998 se empezó a sentir mal y a los pocos minutos, víctima de leucemia crónica, “murió en compañía de su familia, diciendo adiós de un modo sereno y plácido”, relata la fundación que lleva su nombre. Tenía 87 años y estaba acompañado por su esposa, la periodista y traductora española Pilar del Río. “Sabía que él estaba frágil, estaba enfermo, pero siempre pensé en él como un inmortal por su propia obra, por sus hechos humanos. Lo había eternizado. Él es eterno”, lamentó la escritora brasileña Nélida Piñón.

EL INICIO

De origen humilde, Saramago se dedicó a la literatura porque no le gustaba el mundo donde le tocó vivir. Sus novelas encierran reflexiones sobre los principales problemas del ser humano; hacen pensar al lector, lo estremecen y conmueven. Sus personajes están llenos de dignidad.

Nacido el 16 de noviembre de 1922 en Azinhaga, una aldea de Ribatejo (Portugal), José de Souda tuvo que abandonar la enseñanza secundaria ante la falta de medios económicos. Por eso, antes de dedicarse de lleno a la literatura y de convertirse en uno de los mejores novelistas del siglo XX, Saramago trabajó en oficios como los de cerrajero, mecánico, editor y periodista.

Pero su mayor ilusión era ser escritor. En 1947 publicó su primera novela, “Tierra de pecado”. Por esa época prendió en él la conciencia política que siempre lo acompañó y en 1969 se afilió al Partido Comunista Portugués. Tras un largo silencio de casi veinte años, en los que estuvo sin publicar porque no tenía “nada que decir”, Saramago se atrevió con la poesía entre 1966 y 1975. En 1977 vio la luz la novela “Manual de pintura e caligrafía”, a la que siguieron el libro de cuentos “Casi un objeto” (1978) y la obra teatral “La noche” (1979).

Con estas obras Saramago había sentado ya las bases para ese mundo propio que fue construyendo libro a libro. En 1991 publicó la novela “El evangelio según Jesucristo”, muy criticada por el Vaticano y objeto de un polémico veto en 1992. A pesar de todo, esta obra recibió el prestigioso Premio de la Asociación de Escritores de Portugal. Sin embargo, los problemas que tuvo en Portugal lo llevaron en 1993 a trasladar su residencia a España. En los últimos años, no dejó pasar demasiado tiempo entre novela y novela. Era consciente de su edad. Fruto de esa urgencia por contar surgió una serie de novelas. La muerte lo sorprendió cuando preparaba una obra sobre la industria del armamento.

“Nuestra única defensa contra la muerte es el amor”, dijo en una ocasión José Saramago, y hoy, que su cuerpo sería trasladado a Portugal para ser cremado mañana, sus palabras y su obra parecen ser nuestro consuelo. l

En el panorama de la literatura lusa e hispanoamericana es casi una voz solitaria, porque casi todos los otros narradores que ganan premios se han dedicado a elucubraciones dirigidas más al mercado de consumo. Él siguió con una obra paradigmática, con una gran unidad de búsqueda, de una forma estética, y de un autodescubrimiento sobre la concepción del mundo. Por eso siento su muerte”.

No estuve nunca de acuerdo con su visión política de las cosas, pero sí con los retratos humanos que hace, que hay un elemento de compasión, esa visión de la grandeza de los seres humanos, sobre todo de los más sencillos. Digamos que la novela que más quiero y me gusta es “La caverna”: me interesan el manejo de los diálogos, que me parece muy notable, y las técnicas que usa”.

Una vez Saramago dijo que mientras más viejo es uno, más radical y más difícil es cambiar, por la sabiduría que va adquiriendo uno. Ya no hay paciencia para perder el tiempo en la creación. De “Ensayo sobre la ceguera” he tomado para hacer una obra. Él escribía con mucha creatividad y estética y te llega al corazón y al cerebro, y siempre ha apostado por las posibilidades de los cambios. Es una pena que ya no vamos a tener mayor producción de él”.

LAS FRASES

En un tiempo como el de ahora, en el que tan fácilmente se desprecia a los mayores, creo que soy un ejemplo muy bueno. Entre los 60 y los 84 años he hecho una obra. Por tanto ¡ojo con los viejos!

No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo

El escritor es solo un pobre diablo que trabaja

Si la literatura pudiera cambiar el mundo, ya lo habría hecho

SOBRE SARAMAGO

Oswaldo Reynoso. Escritor
En el panorama de la literatura lusa e hispanoamericana es casi una voz solitaria, porque casi todos los otros narradores que ganan premios se han dedicado a elucubraciones dirigidas más al mercado de consumo. Él siguió con una obra paradigmática, con una gran unidad de búsqueda, de una forma estética, y de un autodescubrimiento sobre la concepción del mundo. Por eso siento su muerte”.

Alonso Cueto. Escritor
No estuve nunca de acuerdo con su visión política de las cosas, pero sí con los retratos humanos que hace, que hay un elemento de compasión, esa visión de la grandeza de los seres humanos, sobre todo de los más sencillos. Digamos que la novela que más quiero y me gusta es “La caverna”: me interesan el manejo de los diálogos, que me parece muy notable, y las técnicas que usa”.

Oswaldo Higuchi. Artista Plástico
Una vez Saramago dijo que mientras más viejo es uno, más radical y más difícil es cambiar, por la sabiduría que va adquiriendo uno. Ya no hay paciencia para perder el tiempo en la creación. De “Ensayo sobre la ceguera” he tomado para hacer una obra. Él escribía con mucha creatividad y estética y te llega al corazón y al cerebro, y siempre ha apostado por las posibilidades de los cambios. Es una pena que ya no vamos a tener mayor producción de él”.

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