miércoles, 2 de diciembre de 2009

Antología personal de W. Faulkner

La República
Reeditan selección de cuentos que autor publicó dos meses antes de ganar el nobel. Con el título Cuentos reunidos (Alfaguara). En libro se publican 42 relatos de los 140 que salieron de su pluma.

Carlos Villanes Cairo. Madrid.


Cada libro de William Faulkner es un reto. Su capacidad de inmersión en los personajes, la ingeniosidad de su técnica y el entramado de su arquitectura lingüística, son un desafío. En la Europa de James Joyce y Marcel Proust se revolvían los moldes clásicos de la novela y el gran escritor norteamericano, embebido en el sur que había perdido una guerra, sentía los rescoldos infamantes encima de su piel, y les salió al frente. Tuvo un difícil comienzo, pero cuando novelas como Mientras agonizo, ¡Absalón, Absalón! o El ruido y la furia, fueron popularizadas, se le reconoció como un maestro.

Y así lo han llamado Juan Rulfo, que le descubrió la técnica de los muertos que se creen vivos y viceversa; García Márquez y Onetti, herederos del mítico Yoknapatawpha para crear Macondo y Santa María; Vargas Llosa, con la intrincada técnica de sus primeras novelas; Carlos Fuentes, que dijo haberle heredado “muchísimas cosas”; Cortázar, en la magia del relato impecable; Carpentier, asido a la postmodernidad y hasta Borges, “admirado y tembloroso”, según declaró, cuando le tradujo Las palmeras salvajes. Luis Martín Santos y Juan Benet, en Madrid, lo adoraban.

En 1949, dos meses antes de ganar el Nobel, Faulkner publicó una antología, seleccionada por él mismo, que hoy sale con el título de Cuentos reunidos (Alfaguara, 2009, 812 pp.) con 42 de los 140 relatos de su pluma. El florilegio está dividido en 6 secciones temáticas, en espacios que van de Yoknapatawapha hasta Nueva York, Hollywood o Francia de la 1era. Guerra. Están sus mejores cuentos: “Y eso bien ha de estar”, la quiebra de un niño cuando roza contornos adultos con el sexo, la violencia, el delito y la muerte; “Los altos”, sobre el intervencionismo federal, la leva obligatoria y las subastas de las escasas tierras de los morosos; “Sequía en septiembre”, el conflicto racial y la disyuntiva social ante el linchamiento de un inocente; “Hojas rojas”, de indios, negros y blancos, desesperados y siniestros donde aparece Ikkemotubbe que se ahondaría en El ruido y la furia.

También “Una rosa para Emily”, una casa vieja y abandonada como referencia a la historia de una mujer casada por conveniencia que la noche de bodas duerme con su amante muerto; “Elly”, la guerra invisible y salvaje de una abuela dominante, o “Victoria”, un soldado, casi un niño, asesina a su sargento mayor en la trinchera, víctima de insufribles burlas por no rasurarse: “Trata de zarandear el cuerpo alanceado en la bayoneta como zarandearía a una rata pinchada en la varilla de un paraguas”. (p. 394), escribe con tono desgarrado. Como puente introductor, este libro es una joya para cuantos quieran adentrarse en la lectura de la novelas de Faulkner.

Perfil

El autor. Nació en Mississippi, en 1897. Murió en 1962. Fue un narrador y poeta estadounidense. En 1949 ganó el Premio Nobel de Literatura. Innova la novela.

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