viernes, 11 de diciembre de 2009

De Gabo a Mario, el retrato de dos ex amigos

La República
04 de febrero de 2009

Ana Gallego y Ángel Esteban hurgan en libro la amistad de dos grandes de Latinoamérica. Pero trabajo no aclara nada respecto al distanciamiento de ambos escritores.

Madrid. EFE.

La tela de araña que tejió la legendaria amistad entre Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, rota bruscamente por motivos aún desconocidos, impulsó a Ana Gallego y Ángel Esteban a trazar un retrato literario de los autores que iluminaron el “boom” de la literatura hispanoamericana.

De Gabo a Mario es el título del texto presentado ayer en Madrid y que ha sido escrito a cuatro manos por Gallego y Esteban, ambos especialistas en Literatura y Filología Hispanoamericana.

“Nos interesaba bucear en esa amistad legendaria, que no surge con facilidad en el mundo de las letras, y en el hecho de que solo durase una serie de años para cortarse bruscamente”, explicó Ángel Esteban en una entrevista con Efe.

Fue hace más de treinta años, el 12 de febrero de 1976, cuando un puñetazo propinado supuestamente por Vargas Llosa a García Márquez puso punto y final a una de las amistades más fructíferas de la historia de la literatura.

Ambos biógrafos sostuvieron que la disputa fue originada por una “cuestión personal”, que nadie conoce debido, recordaron, al pacto de silencio que ambos autores mantienen hasta el día de hoy.

“Hemos consultado muchísimos documentos, pero mientras ellos no digan nada sobre lo que pasó nadie lo sabrá”, aseguran.

Los autores se atreven a sugerir las “diferencias ideológicas” como las causas que agrietaron la relación y condujeron a un distanciamiento paulatino, tras haber coincidido ambos en los años setenta en Barcelona.

Los escritores se conocieron en Venezuela, en 1967, con motivo de la entrega a Mario Vargas Llosa del Premio Rómulo Gallegos, el galardón más importante de América Latina.

A partir de entonces, el futuro Premio Nobel y el autor peruano forjaron una amistad estrecha que convirtió incluso al autor colombiano en el padrino del segundo hijo de Vargas Llosa.

Fue también en 1967 cuando se publicó Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, novela estandarte del “boom” que incluyó, además de a García Márquez y Vargas Llosa, al mexicano Carlos Fuentes y al argentino Julio Cortázar, entre otros.

Amistad sin futuro

Por ello, Gallego y Esteban subrayaron que De Gabo a Mario, publicado por Espasa, no solo relata las “raíces” de una amistad y un desencuentro, sino que pretende indagar sobre la historia del “boom”.

Los autores han recurrido a entrevistas personales y a cartas manuscritas, albergadas en la universidad estadounidense de Princeton e inéditas hasta ahora, que se enviaron entre sí los miembros de aquel “boom” literario.

Esteban destacó el protagonismo de los escritores latinoamericanos en el panorama cultural de Occidente en los años sesenta y setenta, así como su adhesión al triunfo de la Revolución Cubana.

Una relación que encontró su primera piedra, en 1971, a raíz del encarcelamiento del poeta cubano Heberto Padilla. Ángel Esteban recordó que Vargas Llosa fue “el primero” en acercarse, junto a Cortázar y Carlos Fuentes, a la Revolución Cubana y en apoyarla, mientras que García Márquez se mantuvo al margen.

Cuando llegó el “caso Padilla”, añadió el especialista, casi todos los escritores condenaron el proceso contra el poeta cubano y “comienzan a distanciarse de la Revolución, el que más Vargas Llosa. Sin embargo, García Márquez mantiene su adhesión”.

Añade que “el caso Padilla fue el principio del fin del grupo que conformó el boom”, aunque, resaltó, la amistad se mantuvo intacta hasta 1976 entre el autor colombiano y el peruano pese a las diferencias “cada vez más crecientes” respecto a Cuba.

Más de treinta años después, Gallego y Esteban no vislumbran un abrazo cercano entre el “poeta y mago de la palabra”, García Márquez, retirado largas temporadas en México, y “el arquitecto” Vargas Llosa, viajero incansable y constructor de universos.

Precisión

Enemistad. Todo ocurrió en febrero de 1976, en México. Gabo se acercó a saludar a Vargas Llosa y este le encajó un golpe y lo noqueó. En marzo del 2007, cuando Gabo cumplió 80 años, se publicó un retrato de García Márquez con el ojo, resultado del golpe, amoratado. Las razones que motivaron el puñete han quedado en el misterio. Ninguno de los dos habla. Vargas Llosa suele decir que esa “es tarea de los biógrafos”.

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